Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 9 de mayo de 2020

La Exposición Iberoamericana de 1929


   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
     Hoy, 9 de mayo, es el aniversario de la inauguración de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (9 de mayo de 1929), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      La Exposición Iberoamericana de Sevilla fue inaugurada el 9 de mayo de 1929 y clausurada el 21 de junio de 1930. Se realizó para dar muestra del hermanamiento entre España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Portugal y Brasil. La muestra coincidió en el tiempo con la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Las dos se consideraron la Exposición General Española.
      El primer teniente de alcalde de Sevilla, Cristóbal Vidal Salcedo, organizó la Exposición de Productos Sevillanos e Industrias Agrícolas, Vinícolas y Mineras​ en los jardines del teatro Eslava del 25 de abril al 5 de junio de 1905.​ La prensa local acordó premiar al mejor productor del certamen con un artículo sobre su figura y sus productos. El ganador de dicha mención fue Luis Rodríguez Caso, director de la fábrica de vídrio La Trinidad.
      Rodríguez Caso era un personaje reconocido en la época por sus labores de militar, profesor de la Academia Politécnica Sevillana y director de industrias.​ A partir de 1908 Rodríguez Caso fue el principal organizador de un festival​ de artistas con trajes y música típica de las distintas regiones del país.​ La fiesta se llamó España en Sevilla y consistió en diversos actos entre el 22 de abril y el 3 de mayo de 1909. El acto principal fue un homenaje a la bandera en la plaza de toros de la Maestranza el 30 de abril.​ El 25 de junio de 19099​ propuso a algunas autoridades locales la realización de una exposición ultramarina.​
      El alcalde Joaquín de Haro Conradi, el diputado y jefe del Partido Liberal Pedro Rodríguez de la Borbolla y el diputado Estanislao D'Angelo apoyaron el proyecto.​ Posteriormente, se sumaron al apoyo otros políticos y personalidades locales.​ El 20 de febrero de 1920 las personalidades locales vinculadas al proyecto conformaron la Comisión Gestora,​ que empezó a estudiar detalles como la financiación y el precio de las entradas.​ Aprovechando las visitas del presidente del Gobierno José Canalejas a la ciudad, los miembros de la comisión se reunieron con él el 21 de febrero​ y el 13 de marzo de 1910​ para proponerle la realización del certamen.
      El 15 de mayo Adolfo Vasseur Carrier planteó que la estructura de la Comisión Gestora no era eficiente para el objetivo a conseguir y que debería crearse un Comité Ejecutivo de pocas personas que dirigiesen una serie de comisiones.​ La idea fue acogida por la Comisión, y el Comité Ejecutivo se organizó el 17 de octubre de 1910.​ Para la dirección del Comité Ejecutivo se escogió a: Pedro Fernández Palacios, para hacienda; Fernando Barón y Martínez de Agulló (conde de Colombí), para fiesta y turismo; Nicolás Luca de Tena, para trabajos mercantiles; José Gestoso y Pérez, para proyectos; y Gonzalo Bilbao Martínez, para instalaciones artísticas.​ El Ayuntamiento incluyó a dos concejales: José Benjumea Zayas, para propaganda; y José Galán Rodríguez, para alojamientos e información. La Diputación Provincial también aportó dos miembros: Manuel Hoyuela Gómez (Presidente de la Diputación), para congresos; y Federico de Amores y Ayala (conde de Urbina), para régimen interior.​ La primera reunión del Comité Ejecutivo tuvo lugar el 9 de noviembre de 1910.​ Por Real Orden del Ministerio de Fomento del 22 de enero de 1912 se incorporaron Luis Moliní Uribarri, ingeniero del puerto; Benigno de la Vega-Inclán, marqués de Vega-Inclán; Andrés Parladé y Heredia, embajador de España en Washington; y Pablo Soler, embajador de España en Buenos Aires.​ En marzo de 1912 dimitieron Gonzalo Bilbao​ y Fernández Palacios.​ Andrés Parladé Heredia quedaría a cargo de las artes decorativas y la hacienda caería también en manos de José Benjumea Zayas.​
      En diciembre de 1911​ las Cortes aprobaron una subvención de 3 millones de pesetas a pagar en anualidades a partir de 1913.​
      En su momento la Comisión Gestora eligió colocar la exposición en la zona de los jardines del palacio de San Telmo (entonces propiedad del arzobispado), el parque de María Luisa (en jardines donados por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón en 1893), el paseo de las Delicias, el Huerto de la Mariana y el Naranjal.​ Posteriormente se propuso llevarla a la zona de avenida de la Palmera, aunque en 1910 tuvo lugar un desbordamiento del río que anegó la Palmera y el Prado de San Sebastián, y se descartó esa opción. Tras esto, el marqués de Nervión ofreció los terrenos del cortijo del Maestrescuela, al sureste de la ciudad y a mayor altitud.​ Una posibilidad posterior fue Tablada. Finalmente, se optó por mantener la primera opción.​
      Para mejorar el parque, el Comité Ejecutivo recurrió al paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier. El proyecto de Forestier se aceptó el 18 de julio de 1911 y los trabajos comenzaron ese mismo agosto.​
      En octubre de 1910 el Comité Ejecutivo convocó un concurso para elegir un arquitecto que se encargara de las obras de la exposición. El Comité editó un mapa con la zona del recinto, en la cual se señalaban las masas de arbolado que, según Forestier, era preciso respetar. Para la elaboración de este mapa el Comité contó con la colaboración de Vicente Rodríguez Martín, quien fue el arquitecto director de la Exposición Regional Valenciana de 1909.​ Se presentaron el logroñés Fermín Álamo,​ el catalán Narciso Mundet Farreras​ y el sevillano Aníbal González. El 26 de septiembre de 1911 eligieron el proyecto de González,​ que dividía el espacio en cinco zonas: pabellones de Bellas Artes y Artes Decorativas, pabellones de los estados americanos, pabellones de regiones españolas, pabellones sevillanos y un parque de atracciones.​ En mayo de 1912 el propio Aníbal González planteó algunos retoques a su proyecto. Hizo que la avenida de la Raza fuese paralela al Guadalquivir y trasladó el pabellón Real al Huerto de la Mariana, donde estaban ya planificados otros dos pabellones. Los terrenos del Huerto de la Mariana pasarían a ser la Plaza de América.​
      El catedrático de Historia Universal de la Universidad de Sevilla, Feliciano Candau,​ publicó varios artículos lamentándose de que no se hubiera contado con la universidad para el Comité Ejecutivo.​ En febrero de 1912 publicó otro artículo diciendo que el palacio de San Telmo tenía que transformarse en un "palacio de la cultura" para el certamen. Como sus aportaciones no eran escuchadas empezó a publicar artículos en contra del Comité Ejecutivo.​ Cuando Candau supo que el pabellón de Bellas Artes de la exposición iba a ser, después de la muestra, un museo, publicó otro artículo en contra, alegando que aquello sería llevar las colecciones artísticas de la ciudad a "un despoblado a dos quilómetros de la ciudad".

      El 26 de diciembre de 1911 se celebró en Barcelona una Asamblea de Sociedades Americanistas, donde Germán Latorre, catedrático de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, propuso la creación de una universidad o centro de estudios hispano-americanos con Sede en Sevilla. En dicha asamblea se propuso que Barcelona acogiese una Exposición Iberoamericana a la mayor brevedad, sin tener presente el proyecto sevillano. En previsión de que nadie disputase las inversiones, en el acuerdo con el Gobierno español realizado por la Comisión sevillana se acordó que el Estado no financiaría ninguna otra muestra entre 1910 y 1914,​ con excepción de la Exposición de Bilbao, que había sido acordada con anterioridad.​ La Exposición de Bilbao sería de Industria, Arte y Comercio.​ Iba a contar con participación iberoamericana. Estaba proyectada para 1912.​
      Al igual que ocurrió a finales de 1910, en febrero de 1912 volvió a haber un desbordamiento del río y todos los terrenos destinados a la exposición se inundaron.​
      El Comité parecía optimista con respecto a la celebración del la muestra en 1914. Gonzalo Bilbao consideró esto irrealizable por la escasez de miembros del comité y la ausencia de algunas personalidades de la Comisión Gestora, como Rodríguez Caso,​ por lo que dimitió en marzo 1912. En julio de 1912 parecía evidente que no daría tiempo a terminar las obras para 1914 y el 21 diciembre el Gobierno cambió la fecha de la muestra a 1916.​ Posteriormente, se iría atrasando sucesivamente a 1921, 1923 y 1924.​
      La ciudadanía apoyaba mayoritariamente la celebración de la muestra. El 14 de marzo de 1909 hubo una manifestación de 30.000 personas en apoyo a la exposición.​ No obstante, en el verano de 1910 la opinión pública ya consideraba que el asunto de la exposición no se llevaba con la suficiente agilidad y que había demasiadas diferencias de criterio entre los organizadores.​ En 1912 la desafección ciudadana sobre la organización del evento se centró en criticar al Comité Ejecutivo, que acabó bastante desprestigiado.​ Algunos medios de comunicación locales pidieron la dimisión de sus miembros.​ En ese contexto, el alcalde Antonio Halcón y Vinent declaró a la prensa que la exposición sí estaba ultimada pero que hacía falta más dinero.​ El 2 de junio de 1912 se organizó un mitin "pro-exposición" en el teatro Eslava, cuyo fin fue pedir la dimisión de los miembros del Comité Ejecutivo. El director de este acto fue Adolfo Vasseur Carrier y también asistió el concejal Martínez Barrios. El mitin fue un fracaso de asistencia, ya que solo se llenaron las tres filas centrales de asientos.
      Pedro Fernández Palacios fue el tercer contribuyente (40.000 ptas)​ del proyecto, por detrás del Ayuntamiento (1.000.000 ptas) y de la Diputación (600.000 ptas). Después de él, el siguiente contribuyente fue la Real Maestranza de Caballería (20.000 ptas).​ El 11 de junio de 1912 Pedro Fernández Palacios escribió una carta al alcalde diciendo que él estaría dispuesto a financiar las obras del pabellón de Bellas Artes. Días después adjudicaron las obras del pabellón de Bellas Artes, a Fernández Palacios, y del pabellón de Industrias y Artes Decorativas, a José Bernedo.​ El 5 de julio de 1913 se adjudicó la edificación del pabellón Real a Rank Hermanos.​
      Antonio Halcón y Vinent abandonó la alcaldía el 19 de noviembre de 1913. En febrero de 1914 se nombró a un nuevo Comité Ejecutivo, con Rodríguez Caso como Comisario General, subdividido en cinco comisiones.
      En julio de 1916 se eligió el proyecto de José Espiau para la realización del Gran Hotel Alfonso XIII. La construcción de este hotel terminó en 1928.​ En 1919 el binomio Ayuntamiento-Comité negoció un préstamo con un banco de Madrid y pidió otra subvención al Estado.​
      En 1917 se acordó la realización de un edificio que fuese palacio de las Ciencias y las Letras. Este edificio, una vez concluida la muestra, sería donado a la Universidad de Sevilla. En esta línea Aníbal González diseñó un pequeño campus universitario de estilo neoclásico en los jardines del palacio de San Telmo. En 1923 se acordó que este centro fuese una universidad hispanoamericana, aunque el proyecto no se llegó a realizar.​
      Federico de Amores y Ayala, conde de Urbina, fue nombrado Comisario Regio en 1920. Así mismo, ingresaron en el Comité nuevos miembros relacionados con el Gobierno: Eduardo Dato, Santiago Alba, Carlos Cañal y el marqués de Casa Mendaro.​ El conde de Urbina dimitió el 13 de septiembre de 1922.​ El 22 de octubre de 1922 fue nombrado Comisario Regio el conde de Colombí.​ Este mismo año se incorporó a la muestra Portugal y el 9 de noviembre la muestra cambió de nombre de Exposición Hispano-Americana a Ibero-Americana.​ El conde de Colombí dimitó el 16 de diciembre de 1925. El 21 de diciembre de 1925 fue nombrado Comisario Regio José Cruz-Conde.​ En marzo de 1926 se incorporó Brasil.
      Cruz-Conde pensó que el ritmo constructivo que llevaba González en la Plaza de España era excesivamente lento y que, de seguir así, no daría tiempo a edificar varios pabellones extranjeros, el casino, el arco conmemorativo y la Universidad Hispano-Americana. Además se redujo el respuesto, por lo que algunas obras de González no se llegaron a realizar nunca. González estaba en desacuerdo con Cruz-Conde en diversos aspectos y dimitió en el verano de 1926.​ Le sustituyó Vicente Traver que, además de algunas pequeñas obras, realizó el casino y el teatro del recinto de la muestra, que en la actualidad es el teatro Lope de Vega.​ El 1 de noviembre de 1928 desapareció el cargo de Comisario Regio y Cruz-Conde pasó a ser Director de la misma.​ 

    En este plazo de tiempo de preparación de la muestra, tendrían lugar otros eventos relevantes en la ciudad: el VII Congreso Nacional de Arquitectos (1917), el IV Centenario del Descubrimiento del Estrecho de Magallanes (1919) y el II Congreso de Historia y Geografía Hispanoamericanas (1919-1920).
      Concurrieron al certamen los países hispanoamericanos de Argentina, Chile, Guatemala, Uruguay, Perú, Colombia, México, Cuba, República Dominicana (con el pabellón de Santo Domingo) y Venezuela (con un pabellón provisional). En 1912 se incorporó Estados Unidos. En 1922 se incorporó Portugal y en 1926 Brasil.
      El Salvador, Panamá, Costa Rica, Bolivia y Ecuador expusieron en las Galerías Americanas, que hoy son almacenes del Puerto de Sevilla en la avenida de la Raza.
      Portugal construyó el pabellón de su país y, cerca del mismo, el pabellón de Macao.​ El presidente portugués António Óscar de Fragoso Carmona visitó ambos pabellones en 1929.​
      Desde 1909 se consideró que hubiera pabellones del protectorado de Marruecos y de los territorios españoles de Guinea.​ La empresa Olivencia y Compañía construyó un recinto, el Barrio Moro, diseñado por el ingeniero Antonio Got. Se accedía por una réplica de la puerta de Tánger en Tetuán, tenía pequeñas tiendas morunas y un bar marroquí con decoración tradicional.​ El pabellón de Marruecos fue realizado por el arquitecto José Guitérrez Lescura y el experto en arte árabe Mariano Bertuchi. El pabellón de Guinea fue realizado por el arquitecto José Granados de la Vega.​
      En el ámbito nacional, participaron con sus pabellones las ocho provincias de Andalucía, incluida Huelva, que al principio no estuvo de acuerdo con que Sevilla fuese la sede de la cita. También contaron con pabellones algunas ciudades y regiones españolas como Barcelona, las islas Canarias, Galicia (con su pabellón y la Casa del Cabildo de Santiago), Extremadura, Asturias, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja.
      A partir de agosto de 1928 se montó en los astilleros de Horacio Echeverría, en Cádiz, una réplica de la carabela Santa María, del primer viaje de Colón, que estuvo terminada seis meses después.​ Fondeó en el Puerto de Sevilla escoltada por una división de la Armada Española y por una flotilla portuguesa. La nave fue anclada en las proximidades del pabellón de la Marina, de modo que se incorporó a la exhibición del propio pabellón.
      La inauguración de la exposición tuvo lugar el 9 de mayo de 1929, Día de la Ascensión, con un acto solemne en la Plaza de España donde estuvo presente sobre un gran palco la Familia Real, el Gobierno en Pleno, el Presidente de la Asamblea Nacional, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento y las representaciones diplomáticas de los países participantes. Fue acogida con júbilo por la población, aumentando el sentimiento americanista y español.
      Durante el tiempo que duró la muestra, hubo varios congresos: IV Congreso Internacional de Ciudades, Congreso Mariano Hispano-Americano (del 15 al 21 de mayo),​ Congreso Internacional de Agricultura Tropical y Subropical del Café, II Congreso Nacional del Comercio Español y de Ultramar y otros.
      En el recinto de la exposición se construyeron 117 edificios, de los cuales se conservan 25​ (sin contar con los chalés y otras edificaciones pequeñas). Desde 2001 todos los pabellones que se conservan son propiedad del Ayuntamiento de la ciudad,​ aunque su uso ha sido cedido a diversas entidades
      Todos los pabellones iberoamericanos se situaron en el entorno del parque de María Luisa. Al norte del parque se construyó la Plaza de España, de estilo neoclásico. Al sur del parque se construyó la Plaza de América. Ambas fueron diseñadas por Aníbal González. Tras la muestra, los edificios del entorno de la Plaza de España albergaron diversas sedes estatales, como la Delegación del Gobierno y la Capitanía General. La Plaza de América se edificó sobre el antiguo Huerto de la Mariana. En esta plaza se colocaron tres pabellones españoles que serían permanentes; el pabellón de Industrias y Artes Decorativas, el pabellón de Bellas Artes y el pabellón Real.
      En el entorno del Prado de San Sebastián se edificó el pabellón de Portugal, la glorieta de San Diego y se colocó una estatua a El Cid, donada en 1928.
      Los jardines del palacio de San Telmo, donde se ubicó el Pabellón de Sevilla. Este pabellón tenía un auditorio, que pasó el Teatro Lope de Vega, y un salón anejo que pasó a ser conocido como el Casino de la Exposición.
      El Sector Sur se ubicaron varios conjuntos. En una zona se construyó la plaza de los Conquistadores. Esta albergaba estatuas de algunos conquistadores del siglo XVI y una fuente dedicada a la Hispanidad.​ En su entorno se encontraban pabellones de las regiones españolas. En otra zona de este sector se construyó una urbanización de chalés, los Hoteles del Guadalquivir. En la actualidad es el barrio de Heliópolis.​ También se construyó un estadio, que se inauguró el 17 de marzo de 1929.​ Fue totalmente reformado y en la actualidad es el estadio Benito Villamarín.
     En este sector se situó un parque de atracciones que fue desmontado tras la muestra. Entre sus atracciones contaba con un tobogán con una gran plataforma que bajaba hasta un gran lago.​ El parque de atracciones contaba también con una montaña rusa.
     El recinto de la muestra contaba con una línea de ferrocarril de cinco kilómetros​ por la que circulaban cuatro trenes de pequeñas dimensiones. Estos trenes tenían capacidad para 300 ocupantes y siguieron usándose unos años después de la muestra.​ Los trenes fueron bautizados con los nombres Sevilla, la Pinta, la Niña y la Santa María. Tenían locomotoras de Krupp. En los laterales del tren estaban dibujados los escudos de los países participantes.​ La línea contaba con cinco estaciones: una en la glorieta de Bécquer, dos en el paseo de las Delicias, una el llamado Barrio Moro (en el Sector Sur), una en el parque de atracciones y otra en la Plaza de América.​ Durante el recorrido pasaba por un túnel por debajo del Monte Gurugú del parque de María Luisa, que aún se conserva. El tren se clausuró durante la II República, tras haber transportado a 523.207 pasajeros y haber recaudado en billetes casi medio millón de pesetas. Los restos abandonados de este ferrocarril fueron vendidos en 1967 como chatarra.
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La Exposición Iberoamericana de 1929, al detalle:
    Nomenclatura de Calles  
IX. Avenida del Uruguay.
XVIII. Avenida y Puerta de las Delicias
XIX. Glorieta de Argentina.
XX. Puerta de la Dársena.
XXI. Avenida de Almagro.   
XXII. Avenida de Pinzón.
XXIII. Estanque de los Lotos.
XXIV. Estanque de los Patos.
XXVI. Avenida de D. Pelayo.
XXVII. Avenida de Gomara.
XXVIII. Glorieta y Puerta de Méjico.
XXX. Avenida de Haití.
XXXI. Avenida de Eritaña.
XXXII. Avenida de Molini.
XXXIV. Puerta de la Corta.
XXXV. Avenida de Santo Domingo.
XXXVI. Avenida Infanta Luisa.
XXXVII. Puerta Reina Victoria.
XXXVIII. Avenida de Venezuela.
XXXIX. Avenida de Costa Rica
XL. Avenida de San Salvador.
XLI. Avenida de Panamá.
XLII. Avenida de Paraguay.
     Nomenclatura de Edificios
3. Pabellón de la Quinta de Goya.
4. Pabellón de Macau.
6.
7. Pabellón de Extremadura.
8. Pabellón de la Hispano Suiza.
9. Pabellón del Ministerio de Ejército.
10. Pabellón de Echevarrieta.
11. Escuela Industrial de Aprendizaje.
12. Emigración.
13. Colonización de España en América.
14. Historia de Sevilla.
15. Exposición de la Prensa.
16. Mapa en relieve de la Península Ibérica.
17. Oficinas del Comité y Entidades Oficiales.
18. Arte Moderno.
19. Ministerio de Fomento.
20. Feria del Libro.
21. Museo del Libro.

28. Estación del Ferrocarril en Miniatura.
32. Pabellón de la Compañía Hidroeléctrica Española.
33. Pabellón de Peñarroya.
38. Pabellón de Venezuela.
40. Pabellón de la Guinea española.
45. Pabellón Nestlé, "La Lechera".
46. Pabellón Calbert.
47. Pabellón de la Compañía Arrendataria de Tabacos.
49. Pabellón de la Cruz Roja.
50. Pabellón de la Marina Mercante.
51. Pabellón de la Maquinista Terrestre y Marítima.
52. Pabellón de la Compañía de Ferrocarriles M. Z. A.
53. Pabellón de la Sociedad Española de Construcción Naval.
54. Pabellón de Jerez de la Frontera. 
55. Pabellón industrial de Valencia.
56. Pabellón de Cataluña - Baleares.
58. Pabellón de Industrias Generales.
59. Sala de Espectáculos.
60. Galerías Comerciales Extranjeras.
61. Salón de Aeronáutica.
62. Galerías Comerciales Nacionales.
63. Pabellón de El Material Industrial, C. A. - Materiales Industriales
64. Pabellón de Almería.
65. Pabellón de Valencia.
66. Pabellón de Murcia.
67. Pabellón de Córdoba.
68. Pabellón de Jaén.
69. Pabellón de Asturias.
70. Pabellón de Navarra.
71. Pabellón de Galicia.
72. Pabellón del Patronato Nacional de Turismo.
73. Pabellón de Huelva.
74. Pabellón de Cádiz.
75. Pabellón de Granada.
76. Pabellón de Castilla la Nueva.
77. Pabellón de Málaga.
78. Pabellón de Castilla la Vieja - León.
80. Pabellón de Barcelona.
81. Barrio Moro.
82. Pabellón de las Islas Canarias.
83. Pabellón de Aragón.
84. Pabellón de Matías López.
85. Pabellón de la Casa Ybarra.
86. Pabellón Codorniú "La Botella".
87. Palacio de Agricultura.
90. Pabellón de Lanas y Pieles.
91. Pabellón de Lozano y Compañía.
92. Pabellón de la Algodonera del Estado.
93. Banco Central.
94. Pabellón de Baistina Sulfate.
95. Pabellón de Industria Sarracina.
96. Pabellón de la Seda.
97. Pabellón del Corcho.
98. Pabellón de "El Eclipse".
99. Pabellón de Fernández Roche.
100. Pabellón de Cerveza "El Águila".
101. Pabellón de la Casa Gal.
102. Pabellón del Azúcar.
103. Pabellón de Abonos.
104. Pabellón de Industrias Lácteas.
105. Pabellón Agronómico.
106. Pabellón del Tabaco.
107. Productos Esmaltados.
108. American Bar.
109. Pabellón de Ibáñez y Compañía.
110. Pabellón Río Tinto.
111. Pabellón "El Cafeto".
112. Pabellón Maggi.
113. Pabellón Zotal.
114.
115. Pabellón Longoria.
116. Pabellón de Carbonell y Compañía.
117. Pabellón de Manuel Guerrero.
118. Pabellón de Santoja.
119. Pabellón de Uralita. 
120. Pabellón Osborne.
121.
122.
123. Pabellón de Auto-Electricidad.
124. Pabellón de Maquinarias.
125. Campo de Polo.
126. Exposición de Ganados.
127. Estadio.
        Restaurantes.

viernes, 8 de mayo de 2020

La antigua Iglesia de los Descalzos (actual Casa de la Hermandad del Cristo de Burgos)


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la antigua Iglesia de los Descalzos (actual Casa de la Hermandad del Cristo de Burgos), de Sevilla.
     Hoy, 8 de mayo, es la Festividad de la Bienaventurada Virgen María Madre y Mediadora de todas las Gracias, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte la Iglesia de los Descalzos (actual Casa de la Hermandad del Cristo de Burgos), de Sevilla, puesto que estaba dedicada a Nuestra Señora de Gracia.
     La antigua Iglesia de los Descalzos (actual Casa de la Hermandad del Cristo de Burgos), se encuentra en la Plaza del Cristo de Burgos, 20 (aunque también tiene acceso por la calle Descalzos, 1); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
      Entre la actual calle de los Descalzos (antigua de la Campana) y la actual calle Dormitorio (antigua de la Sopa) se esconde una de las iglesias más desconocidas de la ciudad. Cuatro nombres de calle, antiguos y modernos, que hacen referencia al antiguo templo de los trinitarios descalzos, cuya iglesia queda camuflada por las construcciones añadidas y cuya señorial torre parece pedir un mayor conocimiento.
      Los trinitarios descalzos llegaron a Sevilla en 1607, situándose primero en las cercanías al convento de San Benito, de donde pasarían a la zona de la Cruz del Campo para terminar en su ubicación actual en unas casas entre la plazuela de San Leandro y el Mesón del Rey. Para aquel lugar diseñó Juan de Segarra, en 1625, un edificio que estaría dedicado a Nuestra Señora de Gracia, y donde, probablemente, se siguieron las directrices de un arquitecto de la orden, actualmente desconocido. El proyecto planteaba una iglesia de cajón cubierta, con bóveda de cañón como sistema de cubrimiento y con capillas laterales con arcos de medio punto como acceso. Dos años más tarde se contrataban las labores de las bóvedas y el coro del edificio. Todavía hoy conserva en su interior las bóvedas con decoración de cartones recortados en "ces". En 1836. después de la desamortización, buena parte del convento se transformó en viviendas y se derribó su fachada, por lo que la iglesia quedó envuelta por una fachada de casas que la hizo quedar oculta hacia el exterior. Conservó su función hasta la Revolución de 1868, en la que fue concedida por el Ayuntamiento al Club Popular del Café de Emperadores. Ello conllevó la definitiva pérdida de su patrimonio (ya había perdido lienzos de Murillo con la invasión francesa), pasando su altar mayor a la parroquia de Camas, otros altares a la parroquia de Ntra. Sra. de la Oliva, en Salteras y la Virgen de Gracia a San Ildefonso. Arahal, La Rinconada y Cartaya fueron destino de otros objetos de culto. La devota imagen del Cautivo de San Ildefonso parece provenir de esta iglesia (es una advocación típica de una orden dedicada a la redención de cautivos), siendo su traslado realizado tras la exclaustración de los monjes. Tras diversos usos, y la habitual etapa del sevillano abandono, fue adquirido por la hermandad del Santísimo Cristo de Burgos en 1979 como futura capilla. Ya en los años 90 el Ayuntamiento reparó la torre y las cubiertas, mientras que la hermandad acometía su restauración interior para su acondicionamiento como casa hermandad, todo ello tras un incendio en la zona del coro que retardó aún más las reparaciones. Apenas conocida por su torre, ésta da pie a una curiosa leyenda para explicar sus bulbosas formas, relacionable con alguna de las puertas de Sevilla. Cuentan que fue levantada por un lego ruso, que la hizo coronar con forma de bulbo en recuerdo a la arquitectura de sus orígenes. Según la misma leyenda, el prior del convento impuso que las letras M J C y T deberían ser puestas en azulejos en las caras del campanario. Se corresponderían con las iniciales de la cuatro puertas de entrada y salida de Sevilla: Macarena, Jerez, Carmona y Triana, unos accesos orientados hacia los cuatro puntos cardinales que estarían señalados por aquella particular brújula. Leyenda o realidad, en un rincón de la plaza de San Pedro sigue escondida la iglesia más rusa de toda la ciudad (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).

Conozcamos mejor la Solemnidad de la Virgen de Gracia
     La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina deducida de la enseñanza tradicional de la Iglesia, a partir de la solicitud maternal de María por todo el género humano en la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo.  Aunque es una verdad no definida, viene siendo aceptada por el pueblo cristiano desde tiempo inmemorial: ya a San Germán de Constantinopla, en el siglo VII, se le llama el Doctor de la Mediación de María.
      Son múltiples las advocaciones marianas que reflejan la mediación de María: Amparo, Auxiliadora, Consolación, Gracias, Merced, Milagro, Misericordia, Patrocinio, Providencia, Refugio, Remedio, Socorro... En la Edad Media, el franciscano San Bernardino de Siena, insigne predicador, contribuyó ostensiblemente a extender la doctrina de la distribución de María de todas las gracias. En el mismo sentido, toda la himnología medieval occidental canta el papel de María como abogada y mediadora.  Así mismo la proclamamos intercesora en la segunda parte del avemaría, de composición eclesiástica, oración base, por otra parte, del Ángelus y del Rosario. En la Península Ibérica, el título de mediadora e intercesora se patentiza ya en su liturgia hispánica autóctona. A comienzos de la Edad Moderna, influyó mucho la predicación del agustino Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia, que entreteje su reflexión teológica en torno a imágenes y tipos bíblicos, recogiendo la herencia de la piedad medieval.  Incluso el Rey Felipe IV, a propuesta de la Real Junta de la Inmaculada, movida por el jesuita P. Nieremberg, estableció, como comentamos en otro apartado, la Fiesta del Patrocinio de la Santísima Virgen para España y sus dominios por carta del veinte y ocho de septiembre de 1655, confirmada por el Papa Alejandro VII Chigi por el Breve Praeclara charissimi del veinte y ocho de julio del año siguiente, para un domingo de noviembre. Un decreto real en 1664 la fijó el segundo. Se extendió por otros lugares en el siglo XVIII.  En la segunda mitad del XIX el Cardenal Mercier (+1926), Arzobispo de Malinas, Bélgica, promovió en la Iglesia un movimiento mariano mediacionista. En 1913 elevó a San Pío S Sarto una petición para que declarara dogma de fe la Mediación Universal de María en la dispensación de todas las gracias, firmada el episcopado belga, clero, fieles, universidades católicas, órdenes religiosas…
      Ya en este siglo, el Papa Benedicto XV Della Chiesa, llama a la Virgen Omnipotencia suplicante, y afirma que la ha tomado por Patrona desde el comienzo de su pontificado. Este mismo pontífice, el veinte y uno de enero de 1918, a petición del Cardenal Mercier, concedió a toda la nación belga Oficio y Misa de Santa María Virgen Mediadora de Todas las Gracias, que es por tanto una fiesta que hace referencia a una verdad teológica y que la Sede Apostólica ha ido concediendo a muchas diócesis e Institutos Religiosos que lo han solicitado, habiéndose hecho casi memoria general. El propio Cardenal Mercier escribió para ello a todos los obispos católicos. Se celebraba el treinta y uno de mayo hasta 1954, en que pasó a la Octava de la Inmaculada. En el Vaticano II se califica expresamente a María Mediadora.

      El Concilio Vaticano II ha escrito sobre esta condición de mediadora de la Santísima Virgen: “María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62). Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero Él, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
      La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos. En 1971 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Misa de la B.V.M. Madre de la Gracia y Mediadora, conjuntando el papel maternal de María con su mediación, cuyos textos eucológicos se encuentran en el Misal de la Virgen con el número 30.  La titulada La Virgen María en Caná, la número 9, última del Tiempo de Navidad, nos transmite la continuación de la labor mediadora de la Madre de Jesús en favor de la Iglesia en el cielo, donde reina Asunta y Gloriosa, que inició en las bodas de Caná, y de Su misión ejemplarizante y salvadora de conducir a Cristo en comunión con los fieles. Aunque no está en el calendario universal, se celebra en múltiples diócesis, así en las de Cuenca, Pamplona y Tudela como memoria libre, y congregaciones religiosas, entre las que contamos a los Monfortianos y Reparadores, como memoria obligatoria, y Servitas, como memoria libre. En la Diócesis de Sevilla se celebra en esta jornada por aprobación de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino de cinco de agosto de 1980 (Prot. n. CD 1320/80), a petición del 30 de mayo de dicho año del Cardenal Arzobispo José María Bueno Monreal con el grado de memoria obligatoria.
      La advocación de Nuestra Señora de Gracia evoca el saludo del Arcángel Gabriel a María: "Dios te salve María, llena eres de gracia". Para los cristianos esta advocación no hace más que resaltar la cooperación excelente de María en el plan salvífico de Dios, para el que estaba predestinada. Esta advocación de Gracia, junto a la de Consolación y Correa, la del Buen Consejo y la del Socorro, centran la devoción mariana particular de la orden agustina, y aun podemos decir que es la más antigua de todas. Desde tiempo inmemorial el culto a la Virgen de Gracia floreció en los ámbitos agustinianos, pero desconocemos dónde y cómo surgió. El porqué de la elección de tal título y del culto particular que se empezó a tributar a la Virgen con él, las circunstancias históricas que lo envolvieron en los comienzos de la Orden y su origen espacio-temporal, se desconocen totalmente. Lo cierto es que, aunque con lentitud, pero progresivamente, la advocación fue cobrando resonancia en las devociones comunitarias y litúrgicas agustinas.

      Había sido norma generalizada que las órdenes religiosas aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar y carisma. No olvidemos que San Agustín, el padre espiritual de la orden, es llamado el Doctor de la Gracia. Como él pone de manifiesto, en nuestro camino de salvación es necesario el auxilio de la Gracia, que recibimos en el bautismo.   María venerada como Madre de la Gracia o de la Divina Gracia presenta la oportunidad de incardinar la mariología en la cristología. Probablemente sea ésta la explicación más verosímil de lo que aconteció respecto a la arraigada devoción agustiniana por Nuestra Señora de Gracia.
      Entre los agustinos la devoción a este prestigioso título se desarrolló encontrando adecuadas expresiones en algunas antífonas, plegarias e himnos recomendados u ordenados por las constituciones de la Orden y sus capítulos generales, como las antífonas Benedicta tu, llamada también Vigiliae B. M. V., porque se recitaba o cantaba por la tarde, el Ave Regina coelorum, Mater regis angelorum, que se canta en la primera mitad del día, normalmente después de mediodía, o el himno Maria Mater Gratiae, al término de las procesiones. Ya en el Capítulo General de Orvieto de 1284 se recomienda el rezo o canto diario de la citada antífona Benedicta tu en honor de la Virgen de Gracia. En el Capítulo General de 1327 fue decretado el rezo diario del versículo Maria Mater Gratiae después del himno Memento salutis auctor, lo que se recordó en 1385 y 1388. Otra noticia históricamente documentada del culto de la Orden a esta advocación es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos de San Agustín en Valencia (España) y Nuestra Señora de Gracia en Lisboa (Portugal).
      Aunque ya venía de antiguo la recitación del himno Ave Regina caelorum, Mater Regis angelorum también en honor de la Virgen de Gracia, se prescribió este uso en las Constituciones de 1551 tras la misa solemne, lo que el Capítulo General acordó que nunca debía ser suprimido en las iglesias de la Orden, y lo que se recordó en disposiciones posteriores. A partir del siglo XVI la devoción estaba consolidada en toda la Orden; se empezaron incluso a edificar conventos con este título, sobre todo en Italia e Hispanoamérica, y también se difundió la leyenda de que la Virgen de Gracia habría impedido que el Papa quitara a la Orden el hábito blanco que se vestía entonces en su honor. A partir del siglo XVII la advocación es considerada ya como propia de la Orden, aunque quedó en parte oscurecida por la de Consolación y Correa y la del Buen Consejo. 

    Si bien el culto general, como vemos, es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807. En esta fecha, el Papa Pío VII Chiaramonti, a instancias del Padre José Bartolomé Menocchio (+1823), sacristán pontificio y confesor del papa, y del Vicario General, concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de la Virgen Nuestra Señora de Gracia, con Misa y Oficio propios, a celebrar el uno de junio.  A partir de una reforma del calendario propio en 1965 se empezó a celebrar el veinticinco de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María, pero con ello se oscureció una significativa tradición agustiniana. A partir de la inclusión con el número 30 en el Misal de la Bienaventurada Virgen María de 1987 de la misa Madre de Gracia, Mediadora de Gracia, en el calendario de la Orden del 2002 se rescató esta memoria y se le señaló el ocho de mayo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Antigua Iglesia de los Descalzos (actual Casa de la Hermandad del Cristo de Burgos), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Antigua Iglesia de los Descalzos (Casa Hermandad Cristo de Burgos):
     Martes a Jueves: de 19:00 a 21:00
 
Enlace a la web oficial de la Antigua Iglesia de los Descalzos (Casa Hermandad Cristo de Burgos)www.cristodeburgos.es/capilla-casa-hermandad/

Más sobre la Hermandad del Cristo de Burgos, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre el desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 7 de mayo de 2020

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Patio de los Naranjos, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar el Patio de los Naranjos [nº 118 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Hay abundantes datos, desde el siglo XIII hasta el XVII, de que se le llamaba "Corral", alternando desde entonces con "Patio"; desde comienzos del siglo XV es "de los Naranjos" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      Probablemente en 1182 el Patio de los Naranjos estaba iniciado y sus obras detenidas desde seis años antes. En 1188 se reanudaron las obras del Patio, finalizándose en 1196.
      En el Patio en si, es decir la parte descubierta, apenas si ha sufrido cambios en el transcurso de los siglos, pero si sus galerías. En los primeros momentos estas fueron colmatándose por medio de capillas de las que permanece la de la Virgen de la Granada, al pie de la Giralda, y restos de otras. En una de sus naves del fondo, concretamente la más próxima a la Giralda, se ubicó, entre 1248 y 1662, la capilla del Sagrario, estudiada por el profesor Falcón Márquez, quien así mismo nos da la fecha de 1617 como data para el derribo del único lado del Patio que ha desaparecido, es decir el Poniente, ocupado desde entonces por la Iglesia del Sagrario.
      Otra de las capillas que se alojaron en las naves del Patio fue la Real entre 1433, cuando se derribó la parte de la Sala de la Oración que había venido ocupando desde el siglo XIII, y 1533, momento en que los sepulcros reales y la propia Virgen de los Reyes pasaron a un emplazamiento provisional en el mismo Patio, en tanto se inauguraba la nueva Capilla Real, cosa que no ocurrió hasta 1579.

      Estas obras y otras similares fueron transformando el Patio, sobre todo en el sentido de cegar arcos, ocupar galerías e invadir ligeramente su ámbito descubierto. La más notable de estas transgresiones, amén de la propia Iglesia del Sagrario y la fábrica gótica de la Catedral, fue precisamente una ruptura de la fachada de ésta; en 1535 el obispo de Scalas construyó en el Patio el acceso a una de las capillas del templo, la que pocos años después alojó su cenotafio y que ha perdurado hasta nuestro siglo XX.
      Además de estos añadidos hemos de señalar otros varios, de los que los mejores integrados son las capillas exteriores ubicadas entre los estribos de la fachada Norte y los distintos arreglos añadidos de la puerta axial del Patio, escalonados entre 1519 y 1568; el de menor interés arquitectónico, y que más destrozo ha producido, ha sido el alojamiento de la Biblioteca Capitular y Colombina, institución que ha deambulado de una galería a otra del Patio a partir de la época de Don Alonso el Sabio hasta 1543, cuando se alojó en una planta alta construida de antiguo en el costado de Levante del Patio.
      Toda esta serie de añadidos han sido removidos en los últimos cincuenta años, a lo largo de las obras realizadas con motivo de la Exposición Iberoamericana y las diversas obras de restauración acometidas entre 1945 el día de hoy [1991], de manera que actualmente es posible contemplar el conjunto, aunque mutilado, más próximo al aspecto que poseyó en algún momento intermedio de su construcción.

      El patio de la Mezquita dibujó en planta un rectángulo de 43,60 m. en sentido Norte-Sur por 82,40 m., que vamos a describir como si estuviese completo. Los lados cortos eran sendas danzas de siete arcos gemelos, que son de herradura túmida, doblados y con arranques en nacela; aparecen recuadrados por alfices muy altos, que quedan perdidos visualmente ante la potencia de la cornisa y de los fuertes estribos que apean los pilares de arco a arco. La citada cornisa está construida por una espesa batería de modillones cuyo perfil lo forman tres macelas escalonadas; el ritmo sólo se rompe sobre los estribos, donde la pareja de modillones afectados se transforman en ménsulas en "S". El único elemento que produce la transición entre cornisa y el orden de arcos y estribos, es una moldura muy simple que va reproduciendo todas las inflexiones horizontales de la fábrica. La cornisa sostiene unas tejas y merlones de gradas, de cinco escalones por cada lado.
      La organización que acabamos de describir se repite en todos los tramos que daban al Patio, e incluso en las arquerías que subdividen las galerías cortas. Lo único que varían son los soportes; así los de los dos lados largos son cruciformes, con estribo por dentro y por fuera y arcos duplicados en profundidad, detalle que la mayoría de las mezquitas andaluzas repiten, siguiendo la solución de emergencia que se arbitró en la Mezquita de Córdoba en el año 958; los pilares de los lados cortos son como los anteriores pero cortados por la mitad, mientras los que subdividían las naves de Levante y Poniente son simples rectángulos. Este repertorio de soportes se repitió en la Sala de Oración, siendo los normales los del tipo rectangular simple.

      El exterior del Patio muestra una apariencia que podemos suponer extendida a todo el resto del edificio. Es un simple muro almenado, ritmado por estribos que repiten, con ligerísimas incongruencias, la cadencia interna. Por lo que sabemos, cada costado del patio poseyó tres puertas gemelas, más otra en el lado del eje mayor, llamada hoy del "Perdón".
      Las puertas laterales son arcos de herradura, sobre impostas con macelas, con alfiz muy alto y sin dobladura este arco se repite al otro lado del muro, incluyendo el resto de éste una bóveda de mocárabes.
      La puerta actual mencionada es algo más compleja que las laterales. Su tránsito del muro es idéntico, aunque todo de mayor tamaño, traspuesto el arco interior aparecen otros dos, de los típicos de las galerías del Patio, paralelos al eje de éste y que apoyan en el muro exterior y en los pilares del sahn.
      La cubierta que poseyeron estas naves fue del mayor interés, y hemos de suponer que se articuló en tantas hileras de dos aguas como naves existieron. La estructura de estas cubiertas, cuyos materiales ya han sido descritos. Fue la primera serie de armaduras de par y nudillo que se documentan en Andalucía, pues los restos subsistentes confirman la existencia de tirantes pareados y bien separados, como demostración que el salto en el concepto estructural se acababa de producir, pues pocos años antes las cubiertas aún se resolvían a la manera antigua, es decir, repitiendo tijeras muy próximas.

      El sector descubierto del Patio posee hoy una rígida ordenación de naranjos, cuyos alcorques, están conectados por medio de unas liebas que dibujan temas de lazo; todo ello, realizado con ladrillo a sardinel, es obra reciente de Don Félix Hernández. Destacan en él cuatro saltadores de mármol, las bocas de los aljibes subterráneos y una fuente, cuya taza superior procede de las termas romanas que mencionamos al comienzo; de estos depósitos subterráneos apenas si podemos aportar alguna noticia, salvo el dato que nos ofreció hace años Don Félix Hernández de que estos aljibes están cerrados con bóvedas de cañón y recorrer el Patio de Norte a Sur, mientras en las naves van en dirección Este-Oeste.
      Diversos autores se han referido a las formas de la Mezquita como ejemplos de austeridad, como si la estupenda fábrica de ladrillo que conforma sus elementos fundamentales y los cajones de tapial hubiesen quedado vistos, cuando es evidente que los puntos claves poseyeron yeserías, así las puertas pequeñas llevaban sus aristas molduradas y las arquivoltas festoneadas o con lambrequines; dado que tales formas menudas corrigen y ocultan las tectónicas, evidencian que la decoración pertenece, probablemente, a la etapa de Abn Yusuf, algo similar le ocurría a los arcos generales del Patio. El que se abre en el eje muestra que su figura primitiva era lobulada y que fue corregida y decorada con unas hermosas yeserías, muy cordobesas, que se conservan perfectamente. También iban decoradas las bóvedas de las puertas pequeñas, pues una ostenta decoración de mocárabes de yeso, que conforman una elaborada superficie.
     El arco axial que acabamos de mencionar, es decir el que se abría al propio Patio, está protegido hoy por un tejaroz de madera nuevo, que recoge, en lo estructural y dimensional, las sugerencias formales de uno original desaparecido, y hemos de suponer que todos los arcos de puerta que quedaban a la intemperie recibieron en su momento una protección similar. Antes de pasar a otro apartado conviene reseñar la existencia de una estupenda puerta que cerraba la del Sahn hacia el Norte. Conserva sus dos hojas, cada una de las cuales mide casi nueve metros de altura por dos de ancho; son de madera de cedro forrada con hojas de bronce, cubiertas éstas por un tema de lazo muy sencillo, rellenos con los motivos vegetales, que denominamos atauriques o letreros cúficos cuya traducción es "El poder pertenece a Dios. La eternidad es de Dios"; recordemos finalmente las estupendas aldabas, que contienen varias aleyas del Corán, concretamente las denominadas al-Nur y al-Hiyr. Ninguno de los elementos que acabamos de reseñar está hecho en moldes, sino cincelados independientemente (Alfonso Jiménez Martín, El Patio de los Naranjos y la Giralda, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
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miércoles, 6 de mayo de 2020

La pintura "San Pedro Nolasco redimiendo cautivos", de Alonso Vázquez, en la sala III y en el Claustro Mayor (reproducción), del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Pedro Nolasco redimiendo cautivos", de Alonso Vázquez, en la sala III y en el Claustro Mayor (reproducción) del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
    Hoy, 6 de mayo, Solemnidad de San Pedro Nolasco, presbítero, que, según la tradición, junto con san Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente, con trabajo y esfuerzo, a procurar la paz  y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos que habían caído cautivos de los infieles (1258) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "San Pedro Nolasco redimiendo cautivos", de Alonso Vázquez, en la sala III y en el Claustro Mayor (reproducción), del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
    El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala III y en el Claustro Mayor (reproducción), del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "San Pedro Nolasco redimiendo cautivos", obra de Alonso Vázquez (h. 1540 - h. 1608), siendo un óleo sobre lienzo en estilo manierista, pintado hacia 1600-02, con unas medidas de 2,06 x 2,50 m., procedente del Convento de la Merced, tras la desamortización (1840).
      Esta escena que representa una de las redenciones que San Pedro Nolasco efectuó en el norte de África exalta la Orden de la Merced como redentora de cautivos. Podemos diferenciar tres planos distintos. En la parte superior izquierda del lienzo, en profundidad, aparece a modo de escena secundaria, el momento en que San Pedro Nolasco hace el trato económico. La escena principal se desarrolla en el plano central con San Pedro Nolasco y un sarraceno, ambos tratados con actitudes estereotipadas y gran monumentalidad. En la zona inferior izquierda, se representa al grupo de los cautivos (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Desconocemos la fecha de nacimiento de Alonso Vázquez, que según Palomino vio la luz en Ronda, aunque sin señalar el año. Por las circunstancias de su vida puede intuirse que nació hacia 1540. De igual forma se ignora el maestro con el cual realizó su formación, aunque quizás pudo ser Antonio de Arfián, como señala Ceán Bermúdez. Su primera referencia aparece en 1590, año en el que consta su presencia en Sevilla, aunque es posible suponer que bastante antes de esta fecha se encontraba ya en dicha ciudad.
     El estilo de Alonso Vázquez está vinculado al espíritu del manierismo desarrollado en Sevilla en el último tercio del siglo XVI. Su dibujo es precioso y marcado, y con él configura formas de sólida estructura y potente expresión Vázquez residió en Sevilla hasta 1603, año que se trasladó a Méjico para trabajar allí al servicio del virrey, Marqués de Montesclaros. No se prolongó mucho su existencia en el Nuevo Continente, puesto que consta que en 1608 ya había fallecido.
      En 1600 Alonso Vázquez y Francisco Pacheco contrataron con el convento de la Merced de Sevilla, actual edificio del Museo, una serie depinturas destinadas a decorar el claustro principal. En ellas se narran episodios de la vida de San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato; de las realizadas por Vázquez se conservan las que representan a San Pedro Nolasco redimiendo cautivos y San Pedro Nolasco despidiéndose de Jaime I el conquistador. En ambas escenas aparecen personajes de contundente volumetria con gestos marcados y expresivos un tanto rudos y desmañados (Enrique Valdivieso González, La pintura en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Ed. Galve, Sevilla, 1993).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
      Santo franco español, cofundador de la orden de Nuestra Señora de la Merced o de los mercedarios (De Mercede Redemptionis Captivorum), para la liberación de los cristianos cautivos de los piratas berberiscos.
      Nació en Carcasona o Saint Papoul hacia 1182, participó en la cruzada contra los albigenses, luego se puso al servicio del rey Jaime I de Aragón. Con la colaboración del maestro general de los dominicos, San Ramón de Penyafort, fundó la orden de la Merced, cuyo convento más importante estaba en Sevilla. El rey le habría ofrecido una mezquita para que instalase un convento en ella. Viajó varias veces a África para rescatar cautivos.
      Murió en Barcelona en 1256 durante la Nochebuena (in der Christnacht). Según la leyenda, cuando estaba viejo y enfermo habría sido llevado en brazos por dos ángeles hasta el pie del altar, para recibir la Extremaunción, y luego devuelto a su celda.
      Su patrón, San Pedro, se le había aparecido crucificado cabeza abajo, tema que se conoce por el nombre de Aparición de San Pedro Apóstol crucificado cabeza abajo a San Pedro Nolasco.
     Su canonización se pronunció varios siglos después de su muerte, en 1628, por eso su iconografía data del siglo XVII.
ICONOGRAFÍA
      Está representado con el hábito blanco de su orden, con el escudo de Aragón sobre el pecho. Sus atributos son las cadenas rotas, que aluden a los cautivos redimidos, un estandarte con las armas de Aragón, una cruz de doble travesaño y una rama de olivo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
     San Pedro Nolasco (Mas Saintes Puelles, condado de Toulouse -Francia-, c. 1180 – ¿Barcelona?, 6 de mayo de 1245). Mercader y fundador de la Orden Redentora de la Merced (OdeM), santo.
     Desde los siglos XV y XVI, tanto en autores no mercedarios, como en los mercedarios, es unánime la afirmación de que Pedro Nolasco nació en Mas Saintes Puelles, obispado de San Papoul (ya desde el siglo XIV), donde existía desde antiguo, y todavía existe hoy, como monumento, un monasterio benedictino, en el condado de Toulouse. El pequeño pueblo del nacimiento de Pedro Nolasco está muy cerca del actual Castelnaudary y de San Papoul, santo local, en la Galia Narbonense, más cercano a Carcasonne que a Toulouse, a cuyo condado pertenecía, sin que dependiera entonces del Reino de Francia.
     Se pueden citar los autores más representativos de la tradición escrita desde los siglos XV al XX empezando por los mercedarios y siguiendo por los de fuera de la Orden. Entre los primeros destacan: Nadal Gaver, que recoge la tradición del siglo XII al XV e insiste en que es de origen de allende los Pirineos; le siguen Pedro Cijar (1446); Gaspar de Torres (1565), Zumel (General, 1593), Guimerán (1591), Latomy, Vargas, Remón y Gabriel Téllez: todos autores mercedarios, cuya tradición persiste hasta hoy. Fuera de la Merced hay que citar a: Carbonell (1546), Beuter (1571), Gómez Miedes (1582), Juan de Mariana (1592), Francisco Diago (1599-1601), Francisco Peña (1601) Illescas (1606), Peña, Bzowski (1616), Catel (1623), Corbera (1629), Spondanus (1641), Bolandistas (1643), Rinaldi (1646), Tamayo y Salazar (1651-1659); Fleury (1719), Hélyot (1721), Van Hecke (1853) y Dossat (1978), etc. Es, pues, constante la afirmación escrita sobre el lugar de su nacimiento.
     Debió de ser probablemente hijo único, pues no quedó descendencia ninguna en Mas Saintes Puelles, una vez que falleció su padre, y Nolasco se trasladó como mercader (“mercator optimus” le llama Cijar, en oposición al “mercator pessimus” del discípulo Judas, que vendió a su maestro). La hipótesis más probable es que la familia debió de ser originaria de Italia —dado que este apellido Nolasco no es ni francés, ni catalán, ni español, pues no existe más que un caso único parecido en el Archivo de la Corona de Aragón, cuyo origen se desconoce, de “O’Nolasch”—, además de no coincidir exactamente tampoco. En el sur de Italia existen los Nolas (san Paulino de Nola, que redimió cautivos, es un caso bien conocido). Y, como suelen emigrar al norte, por ser más rico, allí prolifera la toponimia —asco (Bergamasco, por ejemplo)—.
     De modo que un Nola, fácilmente se convierte, en el correr de los años, en “Nolasco”.
     Mas de Saintes Puelles (Carcassonne/Albi/Toulouse) sería el lugar de paso, estableciéndose sus padres en dicho lugar ciertos años. Allí nació Pedro Nolasco, hacia finales del siglo XIII; y, fallecido su padre, su vocación de mercader le llevó a trasladarse a Barcelona, capital, por lo demás, con la que tenían en aquel tiempo enormes relaciones comerciales con esos pueblos de la Galia narbonense. Los catalanes conquistaron Montpeller y llegaron a las puertas de Carcasonne.
     Justamente en Montpeller el conde de Monfort tuvo consigo, en su torre, al niño Jaume hasta que él falleció; y el joven, que estaba llamado a ser Rey de Aragón, con sede en Barcelona —después de residir unos diez meses en Carcasonne— fue llevado a Barcelona.
     Cabe preguntarse: ¿dónde conoció Pedro Nolasco al joven Jaime el “conqueridor”, en Montpeller o en Barcelona? Posiblemente le visitara en Montpellier, manifestándole ya su deseo de fundar una Orden, con su ayuda posterior, cuando ya fuese Rey, para la redención de los cautivos cristianos.
     Raimundo de Peñafort que nunca fue canónigo de la Catedral barcelonesa —aunque se afirme lo contrario, por ejemplo, en el actual “breviario dominico”—, sino que era un sabio, cuyo magisterio requerían tanto el Papa como los abades de los monasterios catalanes, no tuvo directamente tampoco ninguna acción en el acto fundacional de la Orden de la Merced en la Catedral románica de Barcelona. Sí lo tuvieron el joven rey Jaime I de Aragón y el obispo Palou de dicha Catedral. Ellos dieron el escudo a Pedro Nolasco y al grupito de laicos que fueron investidos con el hábito —túnica, escapulario, capilla y capa blancas, de lana—, y dicho emblema consiste en una cruz blanca sobre fondo rojo, en la parte de arriba: era la cruz de la Catedral barcelonesa de la Santa Cruz; y en la parte inferior, el Rey entrega los cuatro palos rojos de su Reino sobre fondo amarillo. Es todavía hoy el escudo de la Orden de la Merced. Sirvió como una especie de salvoconducto a la hora de las relaciones con los mahometanos, para tramitar la libertad y redención de los cristianos cautivos en su poder.
     Nolasco recibió oficialmente la confirmación de su Orden diez años antes de fallecer, al recibir la bula, breve, pero definitiva, del papa Gregorio IX, Devotionis vestrae, dada en Perusa el 17 de enero de 1235. No se alude aquí, como tampoco en las primitivas Constituciones, al un tiempo pretendido aspecto “militar” de la Merced, que no existió a mi juicio. Por lo demás, en ningún archivo oficial aparece la Orden de la Merced entre las Órdenes Militares existentes en el pasado.
     Este carisma fundacional de redimir cautivos, junto con el “cuarto voto” de quedar en rehenes, si fuere necesario, para salvar la fe de los cautivos lo llevaron a la práctica los frailes redentores de la Merced: laicos durante el siglo xiii (1218-1317); y, desde esa fecha, los clérigos, y algunos laicos, hasta vísperas de la Revolución Francesa.
     Actualmente, cada provincia organiza actividades posibles y urgentes para cumplir con su carisma liberador en estas “nuevas formas de cautividad” que sufre el mundo y la sociedad del siglo xxi. La provincia de Castilla, por ejemplo, tiene una “Casa de acogida de exiliados menores de edad” y varios pisos, con una comunidad que convive con ellos, en la zona madrileña de Ventas. También, en la misión de Camerún, lleva a cabo una obra de liberación misionera, que debe atender a las necesidades más perentorias de la vida. Así se evitan muertes innecesarias, se lleva a cabo la caridad, en ocasiones en grado heroico, y siempre con gran sentido humanitario.
     Pedro Nolasco organizó su actividad redentora, primero solo, gastando su dinero de comerciante. Más tarde, comprendió que necesitaba la ayuda de otros compañeros que aceptasen seguir su ejemplo. Con ellos —probablemente formaban parte ya de “Asociaciones de redención” en torno a la iglesia de Santa María del Mar, hoy templo gótico, no lejos de la Basílica de la Merced, construida junto al mar, en unos terrenos donados por un tal Plegamáns; y ampliada en el siglo XVIII— redimió y acabó fundando la Orden de Santa María de la Merced para liberar cautivos cristianos.
     El antiguo convento es actual Capitanía General de Barcelona, y la basílica está en poder del arzobispado, sin que haya medio de que se devuelva a la Orden.
     La actual basílica fue edificada a base del sacrifico de los frailes de la Merced de Barcelona, a principios del siglo XVIII, para acoger ampliamente a los fieles, y llegaron incluso a vender las dovelas góticas para poder darle acabamiento. En la etapa de la “exclaustración”, el obispado llevó la imagen a la catedral, y solicitó a Roma la “coronación canónica”. También pusieron ellos la imagen de la cúpula.
     En vida de Nolasco eran ya bastantes los conventos fundados en Cataluña, sur de Francia, Aragón y Castilla. No se olvide que Fernando III, el Santo, contemporáneo de Jaime I de Aragón, conquistó Sevilla, y entregó ya unas casitas de mahometanos a los mercedarios del Reino de Castilla. Desde entonces, desde los mismos orígenes, existe ya la que sería provincia de Castilla, que comprendía el resto de España. Ella es la que envió todo el personal al Nuevo Mundo, en donde actualmente existen seis provincias autónomas contando la última constituida en Brasil con personal nativo, Chile, Argentina, Perú, Ecuador y México. Y lo hace con el gozo con que antaño (1585) dio origen a la provincia de Andalucía, desde el Guadiana hacia abajo. Castilla ayudó a nacer todos los conventos de monjas mercedarias de clausura, después del Concilio de Trento. También dio origen a las “Recolecciones”, en España y América, y a la Descalcez Mercedaria, existente actualmente. Aragón desempeñó su actividad en Cataluña, Aragón, Valencia, las Baleares y Cagliari, hoy de la provincia Romana.
     La obra de Nolasco tuvo también “Órdenes Terceras”, y actualmente la llamada “Familia mercedaria” desarrolla una actividad de ayuda a nuestras misiones: de Castilla, Aragón y Chile. También existen “Caballeros de la Merced”: en Madrid, El Puig de Valencia y Roma (deben de quedar algunos en Bretaña, Francia).
     La devoción a María de la Merced está muy viva en el Nuevo Mundo y es patrona de Barcelona y de Jerez de la Frontera, en España. Donde hay conventos mercedarios, masculinos y femeninos, se cultiva esta devoción a un título tan teológico y lleno de connotaciones liberadoras. 
   Pedro Nolasco falleció el 6 de mayo de 1245, probablemente en Barcelona (“Documento de Arguines”, Valencia, de dicho año), fue canonizado en noviembre de 1628 y al año siguiente se hicieron grandes festejos en todas las ciudades, villas y pueblos, donde existía la Merced, entonces vitalmente pujante. Las “Justas literarias” de san Pedro Nolasco en Madrid, las editó el maestro fray Alonso Remón, encargándole a Lope de Vega una comedia, que fue representada, y se conserva entre sus obras. Junto a él se canonizó asimismo a san Ramón Nonato, nombrado cardenal, y fallecido antes de recibir el capelo cardenalicio en 1338.
     Los grandes predicadores del XVII, el jesuita Vieira, en la iglesia de San Luis del Marañón (Brasil), y Bossuet, el excelso predicador francés, en la iglesia de la Merced del Marais (París), con ocasión del culto público y universal de san Pedro Nolasco, predicaron sendos sermones ejemplares, modelo de oratoria sagrada, admirados ante su obra de caridad extrema al servicio de los más humillados de su tiempo, privados de libertad, que malvivían en las mazmorras y baños del norte de África. Se calcula que la Orden Mercedaria redimió a unos setenta mil cautivos, uno a uno, a precio de rescate, con entrega generosa, imitando al fundador (Luis Vázquez Fernández, OdeM, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la biografía de Alonso Vázquez, pintor;
     Alonso Vázquez (Ronda, Málaga, c. 1564 – Ciudad de México, México, c. 1608). Pintor.
     Según informaciones procedentes de Palomino, se sabe que Alonso Vázquez nació en Ronda, habiendo señalado también que fue en el año 1564; sin embargo, ambas referencias carecen por ahora de base documental. Tampoco, se sabe con certeza el lugar donde realizó su formación artística y tan sólo puede pensarse que hacia 1580 estaba ya en Sevilla, puesto que en 1582 una hija suya fue bautizada en esta ciudad.
     Aunque se carece de más apoyaturas documentales para situar la presencia de Vázquez en Sevilla puede decirse que su actividad pictórica fue dominante en la ciudad, al menos a lo largo de los últimos veinte años del siglo XVI, advirtiéndose que en este margen de tiempo llevó a cabo las principales realizaciones artísticas que se ejecutaron en Sevilla, y fue el pintor preferido por el clero, la nobleza y las personas acaudaladas. Sólo el entonces joven Pacheco tuvo opciones de competir con él, pero lo hizo desde un plano secundario, aunque en ocasiones ambos colaboraron juntos en empresas pictóricas.
     La estancia de Vázquez en Sevilla se dilató hasta 1603, año en que se trasladó a México para trabajar como pintor al servicio del virrey Juan de Mendoza, marqués de Montesclaros, a quien ya conocía puesto que este personaje había sido asistente de Sevilla desde 1600. En México trabajó al servicio de su patrón y se posee información que revela una intensa actividad pictórica de la que no han llegado hasta el presente más que escasos testimonios. No se sabe con precisión el año en que murió Vázquez en México, aunque una noticia datada en 1608 señala que en esta fecha ya había fallecido.
     El análisis de la obra conocida de Vázquez evidencia con claridad su relación con el último período creativo del renacimiento que se conoce como Manierismo; su estilo está basado en un dibujo firme y preciso con el que configuró formas vigorosas muy perfiladas, provistas de una marcada gesticulación. 
      Como es habitual en este período final del siglo XVI, el arte de Vázquez rehuye la observación de la naturaleza de forma directa, atendiendo más a la captación de formas obtenidas de imágenes grabadas que a inspirarse directamente en modelos reales.
     Una de las obras capitales dentro de la producción de Vázquez es La Sagrada Cena que procedente de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, se conserva actualmente en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Su ejecución se realizó en 1588, aunque la documentación no menciona el nombre de su autor; sin embargo a través de su estilo puede evidenciarse con cierta precisión que se trata de una obra de Vázquez y además la primera que se conoce en el tiempo dentro de su dilatada producción. En ella, se percibe que el artista utilizó para lograr su composición grabados de origen flamenco; llama la atención en la pintura el variado repertorio de expresiones físicas que se constata en las figuras de los apóstoles y al mismo tiempo los admirables detalles de bodegón que aparecen sobre la mesa, así como el aparatoso fondo arquitectónico que cierra la composición; allí, en figuras de pequeño tamaño, se describe la escena de Cristo lavando los pies a los apóstoles.
     Una faceta desconocida en nuestros días de la producción de Vázquez es la de retratista, puesto que a pesar de tener constancia documental de que la practicó, ningún ejemplar ha llegado hasta nuestros días.
     Así en 1590 tenemos noticias de que realizó tres retratos al servicio del duque de Medina Sidonia, efigiando en uno de ellos a su esposa Doña Antonia de Portocarrero y en los otros dos a sus hermanas Doña Mariana y Doña Leonor. Sobre estas obras hay que señalar que, o se han perdido, o aún no han sido identificadas.
     Al tiempo que Vázquez trabajó al servicio del duque de Medina Sidonia lo hizo también para el duque de Alcalá, puesto que para él realizó una serie de ocho pinturas en las que representaba Las Artes liberales, tampoco se han conservado. Sí ha llegado hasta el presente una pintura realizada para dicho duque de Alcalá que representa a El rico Epulón y el pobre Lázaro, aunque su paradero es desconocido. A través de una fotografía realizada hacia 1950, se conoce esta obra, que fue muy admirada en la época en que fue pintada. En efecto, se tiene el testimonio escrito por Pacheco en su libro Arte de la pintura, quien se refiere a ella en los siguientes términos: “El famoso lienzo de Lázaro y el rico avariento que tiene hoy el Duque de Alcalá, donde, en un aparador de vasos de plata vidrio y barro puso mucha diversidad de colaciones y otros frutos y un frasco de cobre puesto en agua a enfriar”. Esta descripción coincide con la fotografía que se conoce de la pintura, en la que Epulón aparece comiendo en un balcón abierto a un exterior y se ve al pobre Lázaro, semidesnudo, que implora las sobras de la comida. Los detalles de bodegón que aparecen en esta pintura son excelentes, lo que corrobora la afirmación de Pacheco, cuando señaló que Vázquez “pintaba flores con mucha destreza y propiedad”. 
   Un conjunto pictórico de Alonso Vázquez, procedente de un retablo desmontado se conserva en la iglesia de Santa Ana de Sevilla. Su tabla central, que presenta la firma del artista y la fecha de 1590 es la representación de la Resurrección de Cristo; las tablas laterales muestran a San Cristóbal y a San Martín, constatándose en todo el conjunto el habitual dibujo firme y prieto del artista con el que capta figuras vigorosas y enérgicas.
     Otro importante conjunto pictórico de Vargas fue ejecutado en 1592, en esta ocasión para el retablo mayor de la iglesia del monasterio de Santa Paula de Sevilla. Lamentablemente en 1730 dicho retablo fue sustituido por otro de estilo barroco y sus pinturas fueron desmontadas y aprovechadas para ser colocadas en otros retablos de la iglesia en 1810. Otra de ellas pasó a la clausura conventual donde aún se conserva; representa La Trinidad, que en origen debió de estar situada en el remate del retablo citado.
      En la Catedral de Sevilla y para la capilla de Cristóbal de la Puebla, Vázquez ejecutó en 1594 un pequeño retablo que afortunadamente se conserva en su lugar de origen. Dicho retablo está presidido por una representación pictórica de San Ildefonso y San Diego de Alcalá que flanquean un relieve escultórico de La Asunción de la Virgen. En los laterales aparecen escenas de El Bautismo de Cristo y El Martirio de Santa Catalina, mientras que en la predela aparecen representaciones de Los profetas y de Los padres de la Iglesia, al tiempo que los retratos del donante, Don Cristóbal de la Puebla, su esposa y sus hijas, obras de pequeño formato que dan idea de la calidad que Vázquez hubo de alcanzar cuando ejecutó retratos de tamaño natural.
     Procedente probablemente del convento de santa María de Jesús, se conserva también en la Catedral de Sevilla una representación de La Virgen del Pozo Santo, pintura en la que se narra la milagrosa intervención de la Virgen para salvar a un niño que había caído en el interior de un pozo. Esta obra refleja un sentido de solemnidad mayestática en la figura de la Virgen y el Niño que, aureolados de ángeles músicos, contemplan complacidos la salida del pozo del infante ileso; un amable fondo de paisaje cierra la parte inferior de la composición. Por las características de su estilo esta pintura puede fecharse hacia 1595.
      Poco después, en 1598 y por encargo de Diego Caballero de Cabrera, Vázquez ejecutó las pinturas que se integran en el retablo de la Inmaculada de la Iglesia de San Andrés de Sevilla donde se dispone una serie de pinturas entre las que destacan los dos tableros de la predela en los que se representan Reyes del Antiguo Testamento que forman parte de la genealogía de la Virgen. Figuran también en el retablo representaciones de San Francisco, El apóstol Santiago, San Esteban, El Bautismo de Cristo, Santa Catalina y Santa Lucía, estando rematado todo el conjunto por La Coronación de la Virgen y El Padre Eterno. 
    A finales del siglo XVII los jesuitas sevillanos eran una de las órdenes religiosas más influyentes en la ciudad y en su entorno geográfico; dispuestos a fomentar su primacía, encargaban a los mejores artistas locales el ornato de sus templos. Por ello no es extraño que para el retablo mayor de su iglesia, en la población de Marchena, encargasen a Vázquez en 1599 las pinturas.
     Sin embargo, cuando en 1603 Vázquez embarcó para México no había concluido aún este conjunto pictórico cuya ejecución quedó interrumpida durante varios años, ya que sólo a partir de 1607 fue finalizado por Juan de Roelas. Las pinturas que Vázquez realizó fueron San José con el Niño, El sueño de San José, San Juan Bautista y La degollación de San Juan Bautista. Resulta interesante advertir cómo los jesuitas se hicieron inmediatamente eco de la devoción y culto a San José impulsado en España a partir de 1597, cuando el padre carmelita Gracián de la Madre de Dios escribió su famoso libro Grandeza y excelencia del glorioso San José, publicado en Madrid y que tuvo una inmediata repercusión en Toledo, plasmada en la magnífica pintura de San José con el Niño que El Greco ejecutó en 1599 y que Vázquez pintó también como hemos visto en el mismo año en el retablo de los jesuitas de Marchena.
     Otra importante pintura cuyos destinatarios debieron de ser los jesuitas sevillanos es La aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma, que actualmente se conserva en la Catedral de Sevilla. Es obra realizada hacia 1600 en la que se advierte un dibujo menos marcado que en años anteriores y una mayor blandura expresiva. También hacia 1600 debe de estar realizada La Virgen de Belén, que pertenece a la parroquia de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera. Es obra no documentada pero que presenta con claridad el estilo de Vázquez, siguiendo el modelo de La Virgen del Pozo Santo antes mencionada.
      También en 1600 Vázquez, junto con Francisco Pacheco, recibió el encargo de fray Juan Bernal, prior del convento de la Merced de Sevilla de una serie de pinturas destinadas a adornar el claustro principal de dicho convento, que se convirtió así en el primer recinto conventual español que decoró con historias de su Orden uno de sus patios. Vázquez debió de contratar la mitad de las pinturas que serían doce, siendo las otras seis encargadas a Pacheco; sin embargo, en el momento de su partida a México en 1603, no debía tener realizadas más que cuatro, de las cuales tres se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, es decir, en el mismo lugar para donde fueron ejecutadas.
      Son estas obras San Pedro Nolasco redimiendo cautivos, San Pedro Nolasco despidiéndose de Jaime I El Conquistador; un Martirio de San Ramón Nonato procedente de esta serie y de mano de Vázquez se conserva muy mal restaurado en una colección particular de Madrid, permaneciendo en paradero desconocido una representación titulada San Pedro Nolasco recibiendo del Papa la Bula de fundación de su Orden.
     Un año antes de su partida para México, Vázquez contrató la ejecución de las pinturas del retablo mayor de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, donde representó distintos temas de devoción como San Sebastián, San Roque, San Laureano, San Francisco, San Antonio de Padua, La incredulidad de Santo Tomás, San José con el Niño y San Juan Bautista, rematándose todo el conjunto con un Calvario.
     En 1603, cuando ya preparaba su viaje a México, el Hospital de San Hermenegildo de Sevilla encargó a Vázquez la ejecución de la pintura central del retablo de su iglesia donde se representaba El tránsito de San Hermenegildo, hoy en el Museo de Bellas Artes de dicha ciudad. En el momento de embarcarse Vázquez sólo tenía realizada la mitad inferior de la pintura, siendo la superior concluida por Juan de Uceda, quien debía de ser discípulo suyo. En la parte realizada por Vázquez destaca la presencia junto a San Hermenegildo, de San Isidoro, San Leandro, el joven Recaredo y los retratos del cardenal Cervantes, patrono del Hospital y de Bernardino de Escalante, administrador del mismo. Una Inmaculada fechable también hacia 1603 se conserva igualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, destacando en ella su movido perfil y su elegante figura, aspectos éstos poco comunes en la pintura sevillana de esta época que evidencian la oscilación de Vázquez en los últimos momentos de su estancia en Sevilla hacia el espíritu del Barroco (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Pedro Nolasco redimiendo cautivos", de Alonso Vázquez, en la sala III y en el Claustro Mayor (reproducción), del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala III del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.