Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

miércoles, 4 de mayo de 2022

La pintura "Fray Pedro Fernández Pecha", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Fray Pedro Fernández Pecha", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
   Hoy, 4 de mayo, es el aniversario del bautismo (4 de mayo de 1622) de Valdés Leal, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Fray Pedro Fernández Pecha", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala VIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Fray Pedro Fernández Pecha", de Juan de Valdés Leal (1622-1690), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco de escuela sevillana, realizado en 1656-57, con unas medidas de 2'43 x 1'26 m., procedente del monasterio de San Jerónimo de Buenavista, tras la desamortización en 1840.
   La obra retrata a Fray Pedro Fernández Pecha, primer prior de la Orden Jerónima. Aparece de cuerpo entero, de tres cuartos girado hacia su izquierda y portando entre sus manos la maqueta del convento. Sobre su cabeza aparece la Paloma del Espíritu Santo. A sus pies, en una cartela, se lee el nombre del fraile. En el suelo, aparece una llave en alusión a su nombre de Pedro. A la derecha, en un segundo plano se recrea una escena de la historia de la orden jerónima en la que Gregorio XI otorga a Fray Pedro la aprobación de la Orden Jerónima. Destaca el poderoso color blanco del hábito del fraile sobre un fondo de tonos neutros (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   Juan de Valdés Leal nació en Sevilla en 1622 y en esta misma ciudad murió en 1690. Realizó su aprendizaje con un maestro desconocido y en 1647, después de contraer matrimonio, se instaló en Córdoba donde inició su carrera artística. De esta época cordobesa son importantes conjuntos pictóricos como el realizado para la iglesia de Santa Clara de Carmona y el retablo del Carmen Calzado de la ciudad de la mezquita.
   En 1656 abandonó Córdoba para regresar definitivamente a Sevilla, donde aparte de una numerosa producción de obras individualizadas realizó grandes conjuntos de pinturas, como los del Monasterio de San Jerónimo, la iglesia de San Benito de Calatrava, y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.
   En 1664 Valdés Leal realizó un viaje a Madrid donde conoció las colecciones pictóricas de los palacios reales y también colecciones privadas, en las que estudió obras de maestros flamencos e italianos de las que obtuvo numerosas novedades para su arte.
   En 1672 Valdés Leal ejecutó sus famosas pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla en las que representó las más impresionantes imágenes de la muerte que se han realizado en la Historia, y que han constituido la base de su fama. En los últimos años de su vida, víctima de achaques y enfermedades, sus necesidades económicas le obligaron a tener que seguir trabajando, en ocasiones en circunstancias poco favorables, subido en altos andamios para pintar bóvedas en la iglesia de la Santa Caridad, en la de los Venerables o en la del monasterio de San Clemente.
   La necesidades económicas obligaron a Valdés Leal a aceptar muchas veces trabajos a escaso precio, por lo que en ocasiones hubo de trabajar rápidamente ayudado por su hijo Lucas, lo que a veces hace que la calidad de sus pinturas se resienta y que éstas sean muy irregulares.
   El temperamento de Valdés Leal ha sido descrito como el de un hombre violento y orgulloso, amante de representar pictóricamente escenas desagradables y repugnantes. Estas descripciones son resultado de leyendas sin fundamento y tópicos generalizados sobre su persona, que sin embargo a la luz de documentos fidedignos emerge como espléndida y generosa, dotada de un talante enérgico y decidido.
   Valdés Leal practicó desde su juventud una pintura de corte naturalista y de recia expresión en la que plasmó un dibujo firme y un potente colorido; progresivamente su dibujo fue adquiriendo mayor fluidez y su colorido fue adoptando mayor riqueza de matices y llegando a adquirir transparencias. Una técnica dinámica y vitalista, merced a la aplicación de una pincelada rápida y fogosa que otorga a sus obras un sentimiento apasionado y vehemente. La emoción espiritual que reflejan sus personajes se traduce en ocasiones en expresiones bruscas y en rostros tensos y anhelantes, que incurren deliberadamente en la estética de lo feo, que otorga a sus expresiones un notorio dramatismo.
   La llegada de Valdés Leal a Sevilla desde Córdoba en 1656, debió de estar vinculada al ofrecimiento del contrato para realizar las pinturas que habían de adornar la sacristía del monasterio de San Jerónimo de Buenavista en Sevilla. Estas pinturas pasaron en su mitad al Museo en 1840 a raíz de la Desamortización, mientras que la otra mitad fue ilegalmente vendida a coleccionistas nacionales y extranjeros. 
   La decoración de esta sacristía se realizó con un amplio conjunto de dieciocho pinturas con un doble contenido iconográfico: una parte narraba episodios de la vida de San Jerónimo y otro efigiaba a los más notables religiosos de la Orden. 
    Junto con las pinturas que narraban la vida de San Jerónimo en la sacristía de este monasterio figuraba una serie de frailes y monjas de esta Orden captados de cuerpo entero. La mayor parte de ellos se conserva en el Museo de Sevilla, pero otras como el propio San Jerónimo, Santa Paula, San Eustoquio, Fray Diego de Jerez, Fray Alonso de Ocaña y Fray Vasco de Portugal se encuentran en diferentes museos. Los que han permanecido en Sevilla son Fray Pedro Fernández Pecha, primer prior de la Orden jerónima, Fray Fernando Yáñez de Figueroa, segundo prior de la Orden y fundador del convento de Guadalupe, Fray Pedro de Cabañuelas, que aparece efigiado en el milagroso episodio que disipó sus dudas sobre el misterio de la transustanciación del cuerpo de Crispo, Fray Alonso Fernández Pecha que aparece leyendo un texto sagrado en el interior de una estancia conventual, Fray Juan de Ledesma descrito en su lucha contra una gigantesca serpiente que tenía atemorizados a los campesinos que vivían en las inmediaciones de su convento, y Fray Hernando de Talavera, que llegó a ser obispo de Granada y que por ello aparece revestido con muceta arzobispal sobre sus hábitos de jerónimo (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991). 
Conozcamos mejor la Biografía de Fray Pedro Fernández Pecha, personaje representado en la obra reseñada;
     Fray Pedro de Fernández Pecha, (Guadalajara, ¿1326? – Guadalupe, Cáceres, 1402). Fundador, primer monje y prior de la Orden de San Jerónimo (OSH).
     Hijo de Fernán Rodríguez Pecha y de la rica y noble dama Elvira Martínez de la Cámara, naturales de Guadalajara, donde tenían grandes señoríos y posesiones.
     Fue educado en el ámbito cortesano, donde desarrolló distintas actividades en la cámara de Alfonso XI junto a su padre, Fernán Rodríguez, y llegó a ocupar el destacado puesto de tesorero regio. Luego, durante el reinado de Pedro I la estrella de Pedro Fernández se eclipsó un poco y pasó a un lugar más oscuro y de menor relieve público. Se casó joven y tuvo cuatro hijos, tres mujeres y un varón. Tanto la esposa como una de las hijas, Elvira, murieron antes de 1374, y quizá antes de la retirada del mundo de Pedro, en la que ambas muertes pudieron influir. Los otros tres hijos murieron también antes que su padre, pero después de que éste fuese monje jerónimo.
     Las circunstancias en la Corte habían cambiado. Allí se había encontrado con Fernando Yáñez de Figueroa, hombre en todo semejante a él, piadoso y con deseos de mayor perfección. Fue tal la amistad que entre sí tuvieron, que juntos caminaron desde entonces y una fue su suerte y vida hasta la muerte. En este tiempo aparecieron en España distintos grupos de ermitaños españoles e italianos diseminados por Castilla, León y Portugal, que pronto llamaron la atención del pueblo y aun de algunos nobles, quienes siguiendo su ejemplo, imitaban su género de vida. Entre éstos están Pedro Fernández Pecha y Fernando Yáñez, a quienes se les considera como fundadores de la Orden de San Jerónimo en España. Los primeros pasos los da Fernando Yáñez que se retira a la ermita de Nuestra Señora del Castañar, cerca de Toledo. Allí lo visita Pedro Fernández Pecha y decide seguir sus mismos pasos. Pero entretanto, el grupo de ermitaños se traslada a la ermita de Nuestra Señora de Bellaescusa o Villaescusa, entre Orusco y Ambite, en la actual provincia de Madrid, en donde se incorpora Pedro (hacia 1366). Su llegada fue decisiva dadas sus cualidades personales y experiencia.
     Pero pronto quedó pequeño este lugar y, hacia mayo de 1367, deciden trasladarse a la ermita de San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), propiedad de la familia Pecha, donde construyeron celdillas para hacer vida eremítica, mientras se reunían en la ermita para la celebración de la misa y el rezo del oficio divino.
     Transcurren los años y deciden cambiar, como también hizo san Jerónimo, a quien siguen como padre y patrón, la vida eremítica por la cenobítica o de comunidad.
     Determinaron, pues, enviar a dos de ellos a Aviñón —donde tenía su residencia el Papa— con el fin de solicitar de Gregorio XI la oportuna aprobación.
      Los elegidos fueron Pedro Fernández Pecha y Pedro Román. Emprendieron el viaje con anterioridad a octubre de 1372 y, tras distintos sucesos, obtuvieron la bula Salvatoris humani generis del 15 de octubre de 1373, en la que se les otorgaba la Regla de San Agustín y constituciones propias, se describía el hábito que habían de llevar, concedía facultad para fundar cuatro monasterios y autorizaba a que pudieran llamarse frailes o ermitaños de San Jerónimo. Regresaron a Lupiana entre el 16 de abril y el 9 de septiembre de 1374.
      Fray Pedro Fernández Pecha, que en adelante se llamó fray Pedro de Guadalajara, estableció la vida monástica en San Bartolomé de Lupiana, constituido en primer monasterio de la Orden de San Jerónimo y él, primer prior y primer bienhechor, pues todos sus bienes fueron a parar a los jerónimos. También fue él el primero en celo y santidad, pues destacó entre todos por su penitencia y mortificación, su oración continua, su recogimiento y humildad, su fervor y caridad. El gran fervor y la puntual observancia de la Orden Jerónima, que pronto se difundió por toda la geografía española y adquirió gran preponderancia, hay que atribuirlo al espíritu que le comunicó este siervo de Dios. Implantada la vida monástica en San Bartolomé, renunció al priorato en manos de su amigo fray Fernando Yáñez y marchó a Toledo (1374) para fundar en la ermita de Nuestra Señora de la Sisla el segundo de los cuatro monasterios que la bula de Gregorio XI autorizaba a fundar.
     Estableció allí también la vida monástica y rigió aquel monasterio hasta que en 1400, siendo ya muy anciano y enfermo, renunció a este nuevo priorato y fue a Guadalupe, donde estaba de prior fray Fernando Yáñez. Murió con fama de santidad. A su muerte se halló escrito de su mano un breve opúsculo, que se daba por perdido, y del que hoy se puede gozar gracias al padre Ángel Custodio Vega (Ignacio de Madrid, OSH en Biografías de la Real Academia de la Historia)
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Valdés Leal, autor, de la obra reseñada;  
   Juan de Valdés Leal (Sevilla, 4 de mayo de 1622 [bautismo] – 9 de octubre de 1690), pintor.
   Quien, después de Murillo, es con seguridad la segunda personalidad más importante dentro del ámbito de la pintura barroca sevillana, fue bautizado en Sevilla el 4 de mayo de 1622, hijo de Fernando de Nisa, noble portugués, y de Antonia de Valdés Leal, sevillana.
   Se ignora con quién pudo realizar su aprendizaje, que hubo de llevarse a cabo aproximadamente entre 1637 y 1642. Una vez concluida su formación marchó, a Córdoba, donde inició su carrera artística y donde en 1647 contrajo matrimonio. Allí permaneció hasta 1656, fecha en la que regresó definitivamente a su ciudad natal, y allí, pocos años después, en 1660, aparece citado entre los artistas que fundaron la academia de pintores de Sevilla, en la que llegó a ser primero diputado, y finalmente presidente. 
    Referencias fidedignas indican que, en 1664, Valdés Leal viajó a Madrid, donde permaneció cerca de medio año, y donde hubo de mantener contacto con otros pintores y pudo visitar seguramente las colecciones reales, circunstancias que hubieron de repercutir favorablemente en la mejora de sus principios artísticos. Regresado a Sevilla, prosiguió su trayectoria artística, que se desarrolló siempre en un plano secundario, detrás de Murillo, con quien ingresó en 1667 como hermano de la Santa Caridad de Sevilla, institución para la que trabajó largamente hasta los momentos finales de su vida. En 1672, se sabe que realizó un viaje a Córdoba, posiblemente vinculado a encargos pictóricos.
   A partir de 1680, la salud de Valdés Leal se debilitó notablemente pero, pese a ello, como quiera que su situación económica nunca había sido boyante, hubo de ocuparse de trabajos que suponían grandes esfuerzos físicos, como la realización de decoraciones murales en el interior de recintos religiosos, subido a altos andamios. A partir de 1689, su hijo Lucas fue sustituyéndole paulatinamente en este tipo de trabajos, y finalmente, después de un ataque de apoplejía, en octubre de 1690, tuvo lugar su fallecimiento. Había redactado su testamento el 9 de octubre y el 15 siguiente fue enterrado en la iglesia de San Andrés (Sevilla).
   La historiografía del arte ha sido totalmente injusta con Valdés Leal, y al mismo tiempo ha desfigurado su personalidad, caracterizándole como una persona iracunda y orgullosa, quizás como contrapunto al carácter de Murillo, al que se presenta como hombre bueno y humilde. Sin embargo, Palomino, que le conoció personalmente dijo que “fue hombre de mediana estatura, grueso, pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño claro [...] fue espléndido y generoso en socorrer con documentos a cualquiera que solicitaba su corrección [...] al paso que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvanecidos”.
    Pese a estas precisas palabras, que son las únicas contemporáneas referidas a Valdés Leal, en torno a él se ha forjado una leyenda que le define como un necrófilo, obsesionado por la muerte y por todo lo repugnante y desagradable. Estas falsas apreciaciones se deben sin duda a que se le considera como el responsable de la ideología que emana de las pinturas de Las Postrimerías de la iglesia del Hospital de la Santa Caridad, que, sin embargo, son fruto de las intenciones y del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de dicha institución en el momento en que se ejecutaron dichas obras. Pero ello no ha librado a Valdés Leal de ser llamado “el pintor de los muertos”, y a él se han atribuido sistemáticamente de forma errónea todo tipo de pinturas con tema mortuorio realizadas en la pintura barroca española. Ciertamente no fue la muerte la obsesión que agobió a Valdés Leal, sino al contrario las circunstancias de su vida, presidida siempre por los continuos problemas económicos que le acuciaban.
   No se conoce quién fue el maestro de Valdés Leal, y por lo tanto, no puede precisarse el espíritu artístico que presidió su formación. De todas formas, con quien más puntos de contacto tiene su pintura, al menos en sus inicios, es con Francisco de Herrera el Viejo, quien pudo ser su preceptor. También puede señalarse que, residiendo en Córdoba en torno a 1650, su pintura adquiriese referencias estilísticas procedentes de Antonio del Castillo.
   Progresivamente y con el paso del tiempo, el dibujo de Valdés Leal, firme y preciso, y su colorido terroso y compacto se fueron aligerando, sobre todo después de su estancia en Madrid en 1664, donde recibió influencias procedentes de la pintura veneciana y flamenca, y también de la madrileña. De esta última se constata cómo referencias pertenecientes a Ricci, Coello, y también a Herrera el Joven, incidieron en la progresiva adquisición de soltura y agilidad en su técnica.
   La pintura de Valdés Leal posee desde su época de madurez un marcado sentido de ímpetu y de fogosidad que le convierten en uno de los más aparatosos pintores de su época. Su arrebato creativo alcanza a veces a captar matices expresionistas en los gestos de sus personajes, tensos y crispados, con semblantes hoscos y anhelantes, que en ocasiones inciden de forma voluntaria en la estética de lo feo.
   La producción de Valdés Leal se inicia en Córdoba en torno a 1647, reflejándose en estos momentos una cierta rudeza en las actitudes físicas de sus personajes y una notoria solemnidad moral. Su primera obra fechada aparece en dicho año y es el San Andrés que pertenece a la iglesia de San Francisco de dicha ciudad.
   De estos años es también El arrepentimiento de San Pedro en cuya plasmación reflejó un profundo sentimiento, dramático y doliente; con este tema se conocen tres versiones casi exactas, una en la iglesia de San Pedro de Córdoba y las otras dos en Madrid, en colección particular y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En estas obras, aparte del influjo de Herrera el Viejo, se advierten también recursos técnicos derivados de José de Ribera.
   Muy importante debió de ser para Valdés Leal la obtención en 1652 del encargo de decorar con pinturas los muros laterales del presbiterio de la iglesia del Convento de Santa Clara de Carmona, conjunto actualmente disperso entre la colección March en Palma de Mallorca y el Ayuntamiento de Sevilla. En esta serie pictórica se describe la vida de Santa Clara y en sus distintos episodios se narra La profesión de Santa Clara, El milagro de Santa Clara con su hermana Santa Inés, La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma y La retirada de los sarracenos del convento de Asís, obra esta última que hay que considerar como uno de los testimonios más claros que nos ha dejado Valdés Leal en la descripción de escenas tumultuosas y caóticas; la serie finaliza con La muerte de Santa Clara.
   Del periodo cordobés de Valdés Leal es un amplio grupo de pinturas, realizado entre 1654 y 1656, entre las que figura La Virgen de los Plateros del Museo de Córdoba, obra que estuvo repintada casi totalmente y que en la actualidad presenta aún la cara de la Virgen muy desfigurada por la mano inexperta de un antiguo y vulgar restaurador. De este momento es también La Inmaculada con Felipe y Santiago, que pertenece al Museo del Louvre de París, y la pareja de los arcángeles San Miguel y San Rafael, que pertenecen a la colección Caja Sur de Córdoba. A este grupo puede añadirse una bella representación de Santa Bárbara, que pertenece al Museo Municipal de Rosario en Argentina.
   Trabajo de gran empeño por parte de Valdés Leal fue la realización entre 1655 y 1656 del retablo mayor de la iglesia de las carmelitas de Córdoba, cuyo patrono fue Pedro Gómez de Cárdenas. Este importante conjunto pictórico está presidido por una dinámica y aparatosa representación de El rapto de Elías, imbuida de un espíritu decididamente barroco. Figura también en el retablo La Virgen de los carmelitas, situada en el ático del mismo, mientras que en los laterales aparecen San Acisclo, Santa Victoria, San Miguel y San Rafael; en el banco se sitúan cuatro santas carmelitas formando dos parejas, Santa María Magdalena de Pazzis con Santa Inés y Santa Apolonia con Santa Syncletes. Completan el retablo dos cabezas cortadas de San Juan Bautista y de San Pablo más dos magníficas representaciones de Elías y los profetas de Baal y Elías y el ángel, estando estas dos últimas pinturas realizadas con posterioridad a la primera fase del retablo, puesto que ambas están firmadas y fechadas en 1658, cuando Valdés Leal residía ya definitivamente en Sevilla.
   A partir de 1656 Valdés Leal se estableció en su ciudad natal, siendo su primer trabajo importante la realización del conjunto decorativo que recubría las paredes de la sacristía del Convento de San Jerónimo de esta ciudad, actualmente disperso. Allí se narraba la vida de San Jerónimo, y también se exaltaba a los principales religiosos de la orden, algunos de los cuales habían estado vinculados a la historia del propio convento. Así, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se guardan El Bautismo, Las Tentaciones y La flagelación de San Jerónimo. En una colección particular de Dortmund se conserva la representación de San Jerónimo discutiendo con los rabinos, mientras que otro episodio que representa La muerte de San Jerónimo se encuentra en paradero desconocido, si no es que se ha perdido.
   Un conjunto de frailes y monjas de la orden jerónima completaba la decoración de la mencionada sacristía, estando igualmente disperso en la actualidad. De él, en el Museo del Prado se conservan representaciones de San Jerónimo y de Fray Diego de Jerez; en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se exponen Fray Pedro Fernández Pecha, Fray Fernando Yáñez de Figueroa, Fray Pedro de Cabañuelas, Fray Alonso Fernández Pecha, Fray Juan de Ledesma y Fray Hernando de Talavera. En el Museo de Grenoble se encuentra Fray Alonso de Ocaña, y en el de Dresde Fray Vasco de Portugal. Las dos principales figuras femeninas de la orden jerónima, Santa Paula y Santa Eustoquio, se guardan respectivamente en el Museo de Le Mans y en el Bowes Museum de Bernard Castle.
   Hasta fechas recientes se venía creyendo que la última pintura realizada por Valdés Leal en su trayectoria artística era la representación de Cristo disputando con los doctores en el templo, obra que se conserva en el Museo del Prado y firmada en 1686. Sin embargo, el estilo de esta obra no encaja con la forma de pintar que Valdés poseía en los años finales de su vida, y por el contrario es totalmente afín al que tenía en los años inmediatos a su llegada a Sevilla, procedente de Córdoba. Esta circunstancia nos movió en 1992 a examinar detenidamente la firma y la fecha que lleva la pintura, pudiendo advertir que está totalmente repintada, y advirtiéndose de forma clara que la tercera cifra —actualmente un “ocho”—, fue inicialmente un “cinco”, con lo que la pintura posee la fecha de 1656, año justo y apropiado para situar esta obra dentro de la producción del artista.
   Otra obra de notoria calidad y empeño, ejecutada además con vibrante pincelada y espléndido colorido, fue realizada por Valdés Leal en 1657. Se trata de Los desposorios de la Virgen con San José de la catedral de Sevilla, escena en al que impera ya un marcado ímpetu barroco. De fecha aproximada es también la pintura que representa a Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta, también conservada en la catedral sevillana, y que muestra intensos y arrebatados sentimientos espirituales en la expresión de los personajes. De estos momentos es también El Sacrificio de Isaac, perteneciente en la actualidad a una colección particular madrileña, en la que el artista capta espléndidos estudios anatómicos de desnudo. Otras pinturas, fechables en torno a 1657 y 1658, son La Virgen con San Juan Evangelista y las tres Marías camino del Calvario, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, La Piedad del Museo Metropolitano de Nueva York, El Descendimiento de la Cruz, de colección particular en Pontevedra, y La liberación de San Pedro, de la catedral de Sevilla. En todas estas obras se refleja una intensa dinámica expresiva imbuida en un profundo patetismo.
   Entre 1659 y 1660, Valdés Leal realizó un amplio conjunto pictórico para un retablo principal y dos colaterales, destinados a la iglesia de San Benito de Calatrava de Sevilla. En los retablos colaterales se disponía una sola pintura en cada uno de ellos, una monumental Inmaculada y un patético Calvario. En el retablo principal y con pinturas de mediano tamaño, figuraban, en el primer cuerpo, San Juan Bautista, San Andrés, San Sebastián y Santa Catalina, además de una representación de La Virgen con San Benito y San Bernardo que se ha perdido. En el segundo cuerpo aparecían San Antonio de Padua, San Miguel Arcángel y San Antonio Abad. Todo este conjunto pictórico se conserva actualmente en la iglesia de la Magdalena de Sevilla, en la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.
   Para el patio de la Casa Profesa de los jesuitas de Sevilla realizó Valdés Leal en torno a 1660 una serie de pinturas sobre la vida de San Ignacio de Loyola, que por haber estado durante dos siglos al aire libre han llegado hasta nuestros días en mal estado de conservación, por lo que han tenido que ser intensamente restauradas, a parte de que alguna de las escenas integrantes de dicha serie se ha perdido. Estas pinturas, excepto la que representa a San Ignacio convirtiendo a un pecador, que se encuentra en la iglesia del Convento de Santa Isabel de Sevilla, pertenecen actualmente al Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Las pinturas que integran esta serie son La aparición de San Pedro a San Ignacio en Pamplona, La aparición de la Virgen con el Niño a San Ignacio, San Ignacio haciendo penitencia en la cueva de Manresa, El trance de San Ignacio en el hospital de Manresa, San Ignacio curando a un poseso, Aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma y San Ignacio recibiendo la bula de fundación del Papa Pablo III. La serie se completa con representaciones de San Ignacio y San Francisco de Borja contemplando una alegoría de la eucaristía y San Ignacio contemplando el monograma de la compañía de Jesús.
   En 1660 Valdés Leal realizó dos obras fundamentales dentro de la tradición española de la pintura de vanitas, en cuyo contenido manifiesta la vanidad de la existencia como consecuencia de la fugacidad del tiempo y la brevedad de la vida; alude también en estas pinturas a la inmediata llegada de la muerte, que arrebata a los humanos todo tipo de placeres y riquezas mundanas. Ante esta situación irremediable que, después de la muerte conduce a las circunstancias del juicio del alma con su dilema de salvación o condenación, es necesario llevar antes una existencia piadosa en la que la oración, la penitencia y la castidad sean méritos acumulados para poder conseguir la salvación. Estas consideraciones se recogen en dichas pinturas, que inicialmente formaban pareja, pero que en la actualidad se conservan separadas, una en el Wadsworth Ateneum de Hartford y otra en la Galería de Arte de York, representándose en ellas respectivamente La alegoría de la vanidad y La alegoría de la salvación.
   A estas dos pinturas siguieron otras no menos extraordinarias firmadas en 1661 como La Inmaculada Concepción con dos donantes, que pertenece a la Galería Nacional de Londres, donde aparte de la bella figura de la Virgen, Valdés Leal incluyó a sus pies los magníficos retratos de Un clérigo joven y de Su madre anciana, ambos de muy notable calidad. También de 1661 es La Anunciación que se conserva en el Museo de Arte de la Universidad de Michigan, obra de gran ímpetu barroco en la que contrastan la enfática e impulsiva figura del ángel con la recatada e íntima presencia de la Virgen. Otras obras importantes de 1661 son El camino del Calvario conservado en la Hispanic Society de New York y La imposición de la casulla a San Ildefonso, obra de la que el artista realizó una primera versión para ser situada en el ático de la capilla de San Francisco de la catedral de Sevilla y que debió de ser rechazada por los canónigos de la catedral por su excesiva tensión dramática y atormentada espiritualidad. Para reemplazarla Valdés Leal realizó otra versión del mismo tema más atemperada y recogida; de estas dos pinturas, la rechazada por el cabildo debe de ser probablemente la que hoy se conserva en la colección March de Palma de Mallorca.
   Poco después de 1663, también para la Catedral de Sevilla y esta vez para el retablo de la capilla de Santiago, Valdés Leal realizó un Martirio de San Lorenzo en el que acertó a describir en la figura de su protagonista una emotiva expresión en su actitud de levantar los ojos al cielo, aceptando con serenidad los tormentos de su martirio. En torno a 1663 puede fecharse también la representación de María Magdalena, que se conserva en la casa palacio de Villa Manrique de la Condesa, obra en la que Valdés Leal supo hacer gala de su destreza en la plasmación de la belleza física y espiritual.
   En los años que oscilan entre 1665 y 1670 puede situarse la ejecución de otras pinturas de Valdés Leal de notoria calidad. Son el San Antonio de Padua con el Niño que se conserva en una colección particular de Madrid y La Asunción de la Virgen que pertenece a la Galería Nacional de Washington, obra de gran ímpetu barroco plasmado en la dinámica figura de la Madre de Dios, que es impulsada hacia lo alto por ángeles de forma impetuosa y arrebatada.
   Procedentes de la iglesia del convento de San Agustín de Sevilla se conservan en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad dos excepcionales composiciones que hubieron de ser pintadas por Valdés Leal hacia 1670. Son La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen, obras ambas espectaculares y aparatosas cuando no trepidantes y convulsas, alcanzado a plasmar en ellas el máximo nivel expresivo que en el Barroco español se dio a estos temas.
   Valdés Leal es conocido de forma tópica en la historia del Arte europeo por ser el pintor de los dos famosos Jeroglíficos de las postrimerías, conservados en la iglesia del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla. Ambas obras han forjado la leyenda de un Valdés Leal macabro, necrófilo y obsesionado por la muerte, aunque es necesario precisar que la ideología que impera en ellas es fruto del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de la Santa Caridad, quien quiso plasmar en ellas la idea de que la salvación eterna sólo es posible obtenerla a través de la renuncia de los bienes y goces terrenales que logrará en el momento del juicio del alma el beneplácito divino que otorga la salvación eterna. Estas pinturas son denominadas, merced a los rótulos que en ellas figuran In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi. En la primera un esqueleto apaga de un manotazo la vela encendida que alegoriza la existencia señalando al mismo tiempo el triunfo de la muerte sobre las complacencias mundanas. En la segunda, aparece un osario con dos cadáveres en primer plano agusanados y corroídos por repugnantes insectos, mientras esperan la hora del juicio y la decisión divina de obtener la salvación o la condenación del alma.
   Estas dos pinturas constituyen el preámbulo del mensaje que Miguel de Mañara introdujo en la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla, puesto que su parte más importante se desarrolla a través de un conjunto de seis pinturas de Murillo que narran las obras de misericordia y que señalan que su práctica es indispensable para la salvación del alma. El colofón del programa de Mañara se refleja en la gran pintura realizada también por Valdés Leal en el coro alto de la iglesia en 1684. La simbología de esta pintura señala que ningún rico podrá entrar en el Reino de los Cielos, de la misma manera que el emperador Heraclio no pudo entrar en Jerusalén cuando portaba la cruz de Cristo en medio de la pompa y esplendor de su corte. Al ser Jerusalén la ciudad simbólica del Cielo, Mañara, en esta pintura, a través de Valdés Leal, insiste en señalar que los ricos habrán de emplear sus bienes en el ejercicio de la caridad, para así obtener la gloria eterna.
   Una de las obras más espectaculares de Valdés Leal, por sus dimensiones y efecto compositivo es La visión de San Francisco en la Porciúncula, firmada y fechada en 1672, que se conserva en la iglesia de los antiguos capuchinos de Cabra (Córdoba), donde alcanzó a configurar una escena imbuida en un alto nivel de dramatismo espiritual. En años sucesivos el artista realizó algunas pinturas de notable importancia como La Visitación, de colección particular de París, firmada y fechada en 1673. De esta misma fecha es el conjunto de seis pinturas que perteneció a un retablo del palacio arzobispal de Sevilla y que fue encargado por el obispo de dicha ciudad, Ambrosio de Espínola; en él se narraba la vida de San Ambrosio. Estas pinturas fueron robadas por el mariscal Soult y actualmente se encuentran dispersas entre el Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Museo de Arte de Saint Louis (Estados Unidos) y el Young Memorial Museum de San Francisco (Estados Unidos). Estas pinturas, realizadas para ser vistas de cerca, muestran una técnica fogosa y vitalista y en ellas se describen personajes de vivaz expresión que se albergan bajo espectaculares fondos arquitectónicos.
   En 1674, Valdés Leal concluyó la aparatosa y triunfal representación de San Fernando ejecutada para la Catedral de Jaén, donde se conserva. El santo aparece captado de forma apoteósica y triunfal, portando atributos que le acreditan como vencedor de los musulmanes en la conquista de dicha ciudad. En torno a 1675 hubo de pintar Valdés Leal una serie de ocho representaciones de la vida de San Ignacio de Loyola que se conservan en la iglesia jesuítica de San Pedro de Lima, y que están ejecutados con la técnica suelta y deshecha que se constata en la mayoría de las pinturas realizadas en su madurez.
   En los últimos años de su vida, pese a su mal estado de salud, Valdés Leal hubo de realizar labores artísticas que, por su dificultad, mermaron paulatinamente sus facultades físicas. Se trata de pinturas realizadas al temple en lo alto de los muros de edificios religiosos sevillanos como la iglesia del Monasterio de San Clemente, la iglesia del Hospital de los Venerables y la iglesia del Hospital de la Santa Caridad. Para esta última institución, realizó también el retrato de Miguel de Mañara en actitud de estar presidiendo el cabildo de la hermandad y explicando algún pasaje de la regla de la misma. Fue esta obra, probablemente, una de las últimas que el artista realizó en su vida (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Fray Pedro Fernández Pecha", de Valdés Leal, en la sala VIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

martes, 3 de mayo de 2022

Las Cruces, en Alanís (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte las Cruces, en Alanís (Sevilla).
     Hoy, 3 de mayo, La Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.
    Y qué mejor día que hoy, para Explicarte Las Cruces, en Alanís (Sevilla).
     Históricamente, las Cruces de Mayo representan una vinculación de los lugareños con su barrio de origen, manifestándose estos sentimientos con la celebración de estas fiestas, cuando cada barrio se agrupa en torno a sus carrozas de procesión, produciéndose una fuerte rivalidad entre las mismas. Hoy han desaparecido totalmente estas manifestaciones populares, pero aún permanecen sus monumentos simbólicos en hierro forjado y piedra tallada, en el barrio de Triana, y en las calles Nueva y Corredera.
     Existen tres cruces, cada una corresponde a un barrio del pueblo. La Cruz de la calle Triana, La Cruz de la calle Nueva y La Cruz de la Calle Corredera. Eran la base de una fiesta popular ya desaparecida Las Cruces de Mayo. Estas cruces-monumento tienen relación directa con la celebración de la fiesta, ya desaparecida, "Las Cruces de Mayo". El pueblo se dividía en tres calles o barrios que correspondían a cada una de las cruces, y los vecinos de cada una de estas calles elaboraban las llamadas "Carrozas" con flores de papel de seda, estas carrozas versaban sobre distintos temas.
     El último sábado de mayo las tres Carrozas (la de la calle Triana, la de la calle Nueva y la de la Corredera) desfilaban por las calles del pueblo acompañadas de caballistas. Los días posteriores a esta celebración se discutía sobre cual había sido la mejor Carroza de ese año. En la segunda mitad del siglo XX se añade al desfile de Carrozas, el paso de la Virgen de Mª Auxiliadora. Se alargaba así la fiesta al domingo llevando las Carrozas y la Virgen al Parque de San Pedro. Desde entonces esta fiesta pasa a ser conocida como La Romería. En los tiempos que corren Las Carrozas han dejado de elaborarse. Lo único que queda de esa maravillosa fiesta es que se sigue celebrando el último fin de semana de mayo. La Virgen pasea por las calles de Alanís el sábado por la tarde y es llevada el domingo al Parque de San Pedro donde los alanisenses comen, beben y bailan disfrutando de la naturaleza (Ayuntamiento de Alanís).     
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte las Cruces, en Alanís (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Alanís (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por el barrio de Santa Cruz

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de Santa Cruz, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 3 de mayo, La Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu proprio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano.
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Barrio de Santa Cruz, de Sevilla, dando un paseo por él.  
     El Barrio de Santa Cruz es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Casco Antiguo, delimitado por las vías siguientes: c/ Postigo del Carbón, c/ Santander, c/ Adolfo Rodríguez Jurado, avda. de la Constitución, plaza de San Francisco, c/ Francisco Bruna, c/ Entre Cárceles, c/ Álvarez Quintero, c/ Blanca de los Ríos, c/ Francos, c/ Pajaritos, c/ Bamberg, c/ Aire, c/ Fabiola, c/ Cruces, c/ Mariscal, plaza Refinadores, avda. Menéndez Pelayo, avda. El Cid, avda. María Luisa, paseo Las Delicias, y paseo Cristóbal Colón.
     El Barrio de Santa Cruz lo componen las vías siguientes: c/ Abades, c/ Adolfo Rodríguez Jurado, c/ Agua, c/ Aire, paseo Alcalde Marqués del Contadero, c/ Alemanes, plaza Alfaro, plaza La Alianza, c/ Almirante Lobo, c/ Álvarez Quintero, pasaje Andréu, c/ Ángeles, c/ Antonio Rodríguez Buzón, c/ Argote de Molina, c/ Bamberg, c/ Blanca de los Ríos, c/ Cabo Noval, c/ Cardenal Carlos Amigo, c/ Cardenal Sanz y Fores, barreduela Carlos Alonso, c/ Chapineros, c/ Chicarreros, avda. de Chile, avda. de La Constitución, callejón Consuelo, c/ Conteros, plaza de la Contratación, paseo de Cristóbal Colón, c/ Cruces, c/ Deán Miranda, paseo Las Delicias, plaza Don Juan de Austria, c/ Don Remondo, c/ Doncellas, plaza Doña Elvira, c/ Doña María de Padilla, c/ Entre Cárceles, plaza Escuela de Cristo, c/ Estrella, c/ Fabiola, c/ Florentín, c/ Francos, c/ Fray Ceferino González, c/ Gloria, c/  Guines, c/ Guzmán el Bueno, c/ Habana, c/ Hernando Colón, avda. de Honduras, c/ Jamerdana, c/ Joaquín Hazañas, c/ Joaquín Romero Murube, pasaje José María del Rey, c/ El Jovo, c/ Judería, c/ Justino de Neve, c/ Lope de Rueda, barreduela Madre Mercedes Trullas, c/ Maese Rodrigo, avda. María Luisa, c/ Mariana de Pineda, c/ Mariscal, plazuela del Marqués de la Vega Inclánc/ Mateos Gago, c/ Matienzo, avda. Menéndez Pelayo, c/ Mesón del Moro, c/ Mezquita, c/ Miguel Mañara, Jardines de Murillo, c/ Nicolás Antonio, c/ Pajaritos, c/ Palos de la Frontera, avda. Paseo de Cristina, plaza Patio de Banderas, avda. del Perú, c/ Pimienta, c/ Placentines, c/ Postigo del Carbón, c/ Profesor Morales Padrón, plaza Puerta de Jerez, c/ La Rábida, plaza Refinadores, c/ Reinoso, c/ Rodrigo Caro, c/ Rodríguez Zapata, c/ Roldana, avda. Roma, c/ San Fernando, plaza San Francisco, c/ San Gregorio, c/ San Nicolás, plaza Santa Cruz, plaza de Santa Marta, c/ Santa Teresa, c/ Santander, c/ Santo Tomás, c/ Segovias, c/ Susona, plaza del Triunfo, plaza de los Venerables, c/ Vida, pasaje Vila, plaza Virgen de los Reyes, y c/ Ximénez de Enciso.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio, está dedicado a la parroquia de Santa Cruz, que se encuentra en él. 
    La historia, vicisitudes, y demás reseñas de interés están explicadas en las distintas vías que lo conforman, especialmente en la plaza con la misma denominación.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de Santa Cruz, de Sevilla, dando un paseo por él. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 2 de mayo de 2022

El Castillo, en La Puebla de los Infantes (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Castillo, en La Puebla de los Infantes (Sevilla)
     El Castillo, se encuentra en la plaza del Castillo, s/n; en La Puebla de los Infantes (Sevilla). 
          El castillo de La Puebla de los Infantes se encuentra en la calle Castillo, al sur y en la parte más elevada de la localidad de La Puebla de los Infantes, provincia de Sevilla. En cuanto a su historia, el castillo fue construido a mediados del siglo XIV (1330 - 1344). Tradicionalmente considerado de época musulmana, según los datos del Repartimiento de Sevilla, sería en origen un castillo de tipología cristiana.     
     En cuanto a su descripción, el castillo es de estilo gótico-mudéjar y planta trapezoidal del que quedan varios lienzos de muralla y dos torreones, que en un principio fueron cuatro. Las viviendas construidas entre los siglos XVIII y XIX aprovecharon los muros del castillo para la construcción de las mismas, sirviendo de cantera para estas y otras viviendas de la población.
     Parte de sus muros están quedando de nuevo exentos de esas viviendas gracias a varias fases de restauración a que ha sido sometido en los últimos años, descubriendo partes del mismo nunca vistas anteriormente.
     Fue construido con tapial, y en las torres reforzadas sus esquinas con cantería. Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. Es de fácil acceso y visita libre (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Castillo, en La Puebla de los Infantes (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de La Puebla de los Infantes (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El banco de la provincia de Madrid, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Madrid, en la Plaza de España, de Sevilla.
   Hoy, 2 de mayo, es el aniversario de los sucesos del 2 de Mayo (2 de mayo de 1808), que supuso el levantamiento del pueblo madrileño contra los invasores franceses, en el marco de la Guerra de la Independencia española, hecho histórico que se representa en el panel cerámico central del banco de la provincia de Madrid en la plaza de España, así que hoy sea el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Madrid en la Plaza de España, de Sevilla.
       La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos. 
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
     En el banco de la provincia de Madrid, situado entre los de las provincias de Lugo y de Málaga, y entre la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra, de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es "Los sucesos del 2 de Mayo”. Año 1808. Flanquean las escena histórica el Palacio Real y el Observatorio Astronómico, obra original de mediados de la década de 1920. Firmado en la  fábrica José Laffitte Romero, a cargo de los pintores del momento. Se hicieron dos murales, el primero por el pintor Manuel Corrales, que fue sustituido por éste definitivo. El primero se conserva en los almacenes del Patrimonio ubicado en la misma Plaza de España. Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizada en 2010. El motivo retirado fue restaurado por dicha Escuela y depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España. Los azulejos retirados fueron restaurados por dicha Escuela y depositados en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri con angelotes centrados en algunos de ellos por cartelas con escenas relacionadas con los sucesos del 2 de mayo de 1808.
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Lope de Vega (1562 – 1635) Dramaturgo, poeta y narrador, creador del teatro nacional, y Velázquez (1599 – 1660) Pintor, como personajes de la historia de España (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Madrid;
     Pocas insurrecciones populares han inspirado tanto a un pueblo como lo hizo Madrid con el resto de España para hacer frente a la ocupación francesa aquel 2 de mayo.
     No es ningún secreto la maniobra que usó Napoleón para ocupar el territorio español con todas las de la ley. Quizás lo que no queda tan claro es el nombre de ese engaño. El Tratado de Fontainebleau fue el regalo envenenado de Napoleón al rey de España.
     En este tratado, que se firmó el 27 de octubre de 1807, se pactó una invasión de Portugal en una coalición franco-española. Eso suponía el libre acceso a más de setenta mil soldados franceses al territorio español. La invasión fue un éxito, para finales de noviembre de 1807, las tropas francesas ya estaban entrando en Lisboa y los reyes portugueses exiliados en Brasil.
     Ante la nefasta gestión de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, y las sucesivas derrotas militares en la guerra anglo-española de 1796-1802, se generó mucho malestar. Este descontento llegó a todas las capas de la sociedad: las más bajas, por la profunda crisis económica provocada por la interrupción del comercio con América y la delicada situación de la hacienda. Y la nobleza, que se intrigaban junto al ambicioso príncipe Fernando y los agentes de Napoleón contra el rey y su primer ministro. Otro motivo de gran malestar fue la problemática presencia de las tropas napoleónicas que cada vez más actuaban como fuerzas de ocupación y no de paso.
     Godoy, asustado por las intenciones ocultas de los franceses, en marzo de 1808 trasladó a los monarcas fuera de Madrid, a Aranjuez, para poder evacuarlos hacia las Américas en caso de golpe de estado, tal y como habían hecho los reyes portugueses. El rumor de que los reyes abandonarían el territorio corrió como la pólvora. Los líderes de los fernandinos animaron a los civiles a que se aglomerasen en torno al Palacio Real de Aranjuez y empezaran a sitiarlo.
     El objetivo de esa rebelión era la abdicación de Carlos IV y la destitución de Godoy. Finalmente  el príncipe Fernando, que era el instigador, logró su objetivo y el día 19 de marzo de 1808 es coronado Rey. Era la primera vez en la España moderna que un rey era depuesto por un alzamiento popular.
     El mariscal Murat aspirando a conseguir el trono de España tuvo que conformarse con el de Nápoles ya que Napoleón reservó ese honor para su familia. 
      Murat fue uno de los más célebres mariscales de Napoleón y estuvo al frente de la ocupación  peninsular y de la posterior represión. Aprovechando el caos en Aranjuez, entró en Madrid el 23 de marzo con sus tropas e informó a Napoleón del cambio de corona antes incluso de que Fernando llegase a la capital.
     Conociendo las intenciones de Napoleón de destronar al joven rey, Murat se encargó de influir en la nobleza para crear el descontento entre la familia real acerca de la ilegitimidad por la abdicación forzosa. El Mariscal, como autoridad máxima de Francia en la Península, no lo reconocía como rey. Sabía que Fernando necesitaba el reconocimiento internacional, al menos el de Francia.
     Aprovechando esa ventaja y con la promesa de que Napoleón se reuniría con él en Madrid, lo fueron alejando de la capital. Primero hasta Burgos, luego Vitoria y finalmente, Bayona (Francia). El rey llegó a la ciudad fronteriza el 20 de abril con la promesa de que el emperador reconocería su legitimidad.
     Murat era una persona con una gran ambición. De origen humilde, gracias a la Revolución Francesa y a su talento para la guerra, ascendió al rango de mariscal en el 1804 con 47 años de edad. Pero Murat no se conformó con un rango militar y se emparentó con el emperador Napoleón casándose con su hermana Carolina Bonaparte cuando ésta tenía 18 años. La aspiración de Murat era llegar a ser rey de España. Lideró la discreta ocupación y posterior represión del 2 de mayo en Madrid.
      Murat era un buen represor, pero no un buen gobernante por lo que Napoleón prefirió poner a su hermano José, más ilustrado, moderado y diplomático que Murat, quien tuvo que conformarse con el reino de Nápoles, un territorio en plena decadencia para la política internacional.
     Con Fernando fuera de Madrid, el 16 de abril Murat dijo a la junta de gobierno provisional que Napoleón solo reconocería a Carlos IV como rey legítimo. El mariscal también exigió a la Junta que debían excarcelar a Godoy para llevárselo a Bayona. De esta manera intentaría convencer e influir a los antiguos monarcas para favorecer la legitimidad de Fernando.
     Con esta estrategia el día 22 de abril los reyes destronados partían del Escorial dirección Bayona donde llegarían el día 30 de abril con la seguridad que les sería devuelta su corona. El siguiente paso era trasladar el resto de la familia real a Francia para convencerles del traspaso de su legítima corona a sus manos. Cosa que logró sin mayores dificultades.
     Murat creía que la población de Madrid era tan impresionable como la mayoría de sus dirigentes y políticos, por lo que hacía alarde de fuerza paseando y desplegando sus tropas por la ciudad. Las cuales eran recibidas con hostilidad por parte de la población.
     El rumor de que los hijos de Carlos IV iban a ser sacados de Madrid hacia Bayona se extendió rápidamente. Rumor que efectivamente era cierto. A primera hora de la mañana, una muchedumbre de gente se aglomeró frente al Palacio Real. Su objetivo era impedir que los soldados franceses pudiesen acceder a Francisco de Paula, el hijo menor de Carlos IV.
     La tensión aumentó hasta que el hijo de Carlos IV salió al balcón para ver el gentío. Entonces, un grupo de ciudadanos atacó a unos soldados franceses creyendo que se dirigían a sacar al infante del palacio por la fuerza. Los franceses usaron artillería para dispersar a la multitud. Eso desencadenó episodios de violencia por toda la Villa. Todo el resentimiento acumulado por la ocupación y los abusos estalló.
     En España, las armas estaban prohibidas desde 1761 bajo el mandato del Rey Carlos III. Eran muy pocos los ciudadanos que disponían de ellas en sus casas. Si las querían, debían asaltar alguna caserna o robarlas de soldados muertos. Recurrieron a lo que tenían en casa, navajas, cuchillos, palos, macetas, etc. A pesar de que Murat ya había desplegado a sus treinta mil hombres por la ciudad, la revuelta duró todo el día. Las tropas napoleónicas no tuvieron escrúpulos o miramientos a la hora de reprimir a la población, se enfrentaron a hombres, mujeres y niños. Los soldados franceses muertos se cuentan por la centena, mientras que los ciudadanos madrileños cerca del medio millar. Existe un debate historiográfico acerca de el número de bajas.
     Después de aplacar a las masas, Murat decidió un castigo ejemplar para que el episodio no se repitiese. Ordenó fusilar a todo aquel participante del episodio y a toda persona arrestada durante el conflicto. La brutalidad de ese castigo, junto a la revuelta del 2 de mayo de Madrid, fueron el punto de inicio de la Guerra de Independencia, que se propagó hasta el último rincón de la Península. Los eventos se precipitaron a tal velocidad que para septiembre de ese mismo año ya se había constituido la Junta Suprema Central en Aranjuez. El conflicto se alargaría hasta el año 1814.
     Esa represión quedó reflejada para la posteridad en la célebre obra de Francisco de Goya que representa los fusilamientos del 3 de Mayo. Cabe destacar que en todo momento muchas de las autoridades tanto militares como administrativas españolas se alinearon con el ocupante francés, seguramente por miedo o por extorsión. 
   Los monumentos y honores al celebre día riegan las calles y plazas de la ciudad. También es el día oficial de la actual Comunidad de Madrid, en la que se realizan actos institucionales en honor a los caídos. Pero no solo en Madrid, en multitud de ciudades de todo el Estado se encuentran hoy en día calles, estaciones, plazas, etc. que recuerdan a las personas de esa jornada y lo que supuso para el futuro del país. Gracias a ese acto, se activó la cadena de eventos que trajeron la posterior redacción de la primera constitución española en 1812 (El Reto Histórico).
     El 2 de mayo de 1808, las tropas francesas deciden sacar a la Familia Real de Madrid, mientras les observa una multitud que protesta ante las puertas de palacio. La muchedumbre es disuelta por un batallón de granaderos, y la noticia origina una violenta reacción del pueblo de Madrid contra los franceses.
     Al día siguiente, 3 de mayo, el comandante del ejército francés y gobernador de Madrid, Joaquín Murat, toma medidas para restablecer el orden, castigando de manera sangrienta el levantamiento popular. En Moncloa son fusilados todos aquellos que han sido apresados con las armas en la mano. Ese mismo 3 de mayo, Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, declara la guerra a los franceses.
     Después de los sucesos acaecidos el día 2 y a lo largo de todo el mes de mayo, se producen levantamientos provinciales que culminan en la formación de varias juntas. También se suceden en muchas ciudades movimientos populares que no cuajan en la formación de una de ellas.
     Mientras tanto, el 6 de mayo, las denominadas abdicaciones de Bayona se suceden ante la presencia de Napoleón Bonaparte. La corona, símbolo de la legitimidad de la monarquía, pasa de las manos de Fernando a las de su padre, Carlos IV, y de las de este a Napoleón, quien a su vez elegirá a su hermano José (Real Academia de la Historia).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Madrid, en la Plaza de España, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Plaza de España, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.